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culpa

La culpa es un sistema de alarma interno que surge de la creencia o sensación de haber transgredido las normas éticas personales o sociales, sobre todo cuando la conducta (u omisión de la misma) ha derivado en un daño o malestar a otra. Aunque sea una alarma, en ocasiones, como todas las emociones, puede ser una “falsa alarma”. Por ello debemos reconocer la emoción (la culpa en este caso) y pararnos a recapacitar si es real o no.


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Esta sensación, en condiciones normales, trata de facilitar el camino hacia una reparación del daño que hayamos podido causar, y la evitación del mismo daño en un futuro. Es un código no escrito, que sirve para que nosotros mismos regulemos todas nuestras conductas y nos dota un sentido de la responsabilidad.

El sentimiento de culpa se desarrolla de la mano de la conciencia moral. La intensidad de las respuestas que nos provoca la culpa están muy mediadas por las diferencias individuales y las pautas educativas (provenientes de distintos focos: sociedad, fe, escuela, cultura, etc.).


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A veces la culpa surge de una ilusión de control y de una sobrecarga de responsabilidades: “si yo soy culpable de esto, puedo controlar que en un futuro no vuelva a pasar, puedo enmendar los daños”.

A continuación pondremos algunos ejemplos que reflejan lo anteriormente expuesto:

  • “Mi equipo tiene que quedarse hasta tarde trabajando en el proyecto porque no presenté a tiempo mi parte”
    • En este caso, si estaba bajo tu control haber evitado esto. Tienes la responsabilidad de enmendarlo, y evitar que pase en un futuro.
  • “El que mis hijos se comporten así se debe a que yo les he educado mal”
    • En la educación de tus hijos tienes un gran porcentaje de responsabilidad, pero no toda.
  • “Mi hermana se ha enfadado y no me habla porque la he dicho que este fin de semana no podré cuidar de mis sobrinos”
    • Es legítimo que tu hermana se moleste, pero también lo es que tu decidas cómo invertir tu tiempo. El que tu hermana lleve su reacción más allá no depende de ti, sino de cómo ella se tome las cosas.

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Es necesario distinguir en cuáles de esas ocasiones verdaderamente tenemos el control y la responsabilidad de lo sucedido.

BENEFICIOS DE SENTIRSE CULPABLE

  • Permite a la persona quedarse como está, no busca alternativas
  • No se plantean nuevos retos
  • Llama la atención de los demás, por lo que se siente protegida, y acompañada
  • Puede estar relacionada con unos principios morales que me hacen sentirme superior o responsable de mi vida y de la sociedad, aunque sea de manera errónea.
  • Permite manipular a otros con fines de diversa índole. 


¿QUÉ FORMA LA CULPA?

La culpa se nos manifiesta de dos maneras complementarias: lo que conocemos como mala conciencia y el remordimiento. La primera lo hace en forma de pensamientos desagradables sobre lo que ha pasado y lo que hemos hecho (“debí…”, “tenía que…”, “podría..” “porque no hice…”), y la segunda, consiste en la manifestación de esos pensamientos en forma de sentimientos y sensaciones incluso físicas (dolor de estómago, de cabeza, inquietud…)


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¿CÓMO PODEMOS CONTROLARLA?

Para empezar debemos respetar la propia vida, con sus decisiones y voluntades. Normalmente sentimos culpa cuando pasamos más tiempo pensando en base a lo que “quieres y esperan los demás”, que en base a  “nuestros valores, necesidades y apetencias”. También debemos impedir que esta emoción nos nuble y nos paralice, entrando en un estado de pasividad, en el que lo máximo que hacemos es pensar sobre lo que “se debería de haber hecho”, y dando respuestas vagas e inapropiadas a preguntas importantes que asolan nuestra mente en este momento de tensión.


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El gran problema que aparece con la culpa es que no debe ser un fin en sí, ya que de ser así, resulta improductiva: no dejamos de sentirnos culpables por algo pasado, quedándonos quietos en el presente, y no pudiendo cambiar las cosas ahora tener un futuro mejor. No hay un solo problema que se solucione solo porque nos haga sentir dolor, tristeza o culpa y seamos conscientes de ello, es necesario actuar.

Ignorar, suprimir, o intentar negar la culpa puede ser una solución, pero a muy corto plazo e infructuosa, porque no ayuda a solucionar y remediar el problema que tenemos ahora entre manos, y así, eliminar los pensamientos y sensaciones que me está provocando.


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Si verdaderamente tenemos parte de responsabilidad en lo ocurrido, debemos dar un paso más allá, y actuar. Dos pilares fundamentales para superarlo consisten en el arrepentimiento, y la decisión de reparación.

Hay diferentes formas de enmendar el daño causado, ya que no siempre es posible por medio de una acción directa sobre aquella persona a la que hemos herido. Además de realizar una conducta que enmiende nuestra conducta culpable podemos realizar acciones indirectas, pedir perdón o realizar acciones altruistas hacia los demás.

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