culpabilidad

La semana pasada nos contaba P. (19 años) que cuando las personas le piden favores, se siente obligado a complacerles. Algunas de esas peticiones está de acuerdo en llevarlas a cabo, pero otras, sin embargo, le gustaría poder decir que no. En alguna ocasión sí se ha atrevido a negarse, pero tal cómo él lo describe, “me siento incapaz de mantenerme firme y me ataca la culpa por no cumplir con los deseos y expectativas de los demás sobre mí”.



P. nos ponía como ejemplos para poder entenderle mejor algunas situaciones de su vida cotidiana. A veces está estudiando por la tarde, concentrado en terminar sus tareas y su hermana pequeña le interrumpe en repetidas ocasiones para pedirle cosas que, desde su punto de vista, podrían esperar a más tarde. También le pasa con sus padres, cuando le piden que vuelva antes de sus salidas de ocio alegando “que les da miedo que esté de noche por la calle”. Algunas veces se ha visto envuelto en situaciones sociales complicadas en la que siente la presión social para consumir alcohol. Se ha visto “obligado” a hacerlo a pesar de no querer por su incapacidad para decir NO con firmeza. Ante este tipo de situaciones, P. querría poder decirle a su hermana que se ocupará de ello más tarde, que a él le gusta su estilo de ocio y que no quiere volver antes de lo pactado a casa, o que no desea beber porque no le gusta cómo actúa y cómo se siente cuando lo hace.

Como P. todos conocemos o hemos padecido la angustia de querer decir NO y no poder porque nos invaden esos sentimientos de culpa e incapacidad. La mejor manera en la que podemos ayudar a P. es fortaleciendo sus habilidades sociales y enseñándole estrategias de manejo de este tipo de situaciones y emociones tan intensas y negativas para él.

Lo primero que debemos saber es que los estilos de comunicación no son una cuestión de blanco o negro, sino que existe un continuo que pasa desde los estilos más “pasivos” a los más “agresivos”, y que varían siempre en función de la situación social en la que se encuentre la persona. Es importante resaltar que hablamos siempre de estilos de comunicación, de formas de relacionarnos con los demás, no de pegar a nadie ni ser un pasota. El término medio entre el estilo más puramente pasivo y el agresivo, se encuentra el tan famoso estilo de comunicación ASERTIVO. Veamos brevemente en qué consiste cada uno:

  • PASIVO: Las personas con comportamiento pasivo son incapaces o tienen mucha dificultad para expresar sus sentimientos, sus pensamientos y sus opiniones. Son incapaces de decir NO. Dejan que los demás violen sus derechos. Evitar la mirada del que te está hablando, apenas se le oye cuando habla, postura corporal tensa, nervios, tics, movimientos inapropiados, etc. Se sientes incomprendidas y mal consigo mismo/a.
    • VENTAJAS: No tener que enfrentarse al problema y alivian temporalmente la ansiedad (malestar) ante la situación.
  • DESVENTAJAS: Desvalorización de los propios sentimientos, falta de confianza en sí mismos, no les hacen caso ni le tienen en cuenta, reducción de la posibilidad de satisfacer las necesidades o de que sean atendidas las opiniones, sentimientos de ser incomprendido y manipulado , culpa, ansiedad, depresión y baja autoestima. Estallido de molestia o ira incontrolada por aguante de situaciones no resueltas.
    • AGRESIVO: Las personas que se comportan de modo agresivo violan los derechos de los demás, mantienen una conducta inapropiada y ofenden, insultan, humillan, amenazan y son muy hostiles. Cuando alguien se comporta de manera agresiva en sus relaciones interpersonales emplea gestos amenazantes, lenguaje con doble sentido que ofende, desprecio por lo que los demás opinan. Lo suelen hacer humillando y perdiendo el control sobre sí mismos.
    • VENTAJAS: Expresión y descarga emocional y sentimientos de poder momentáneo. Conseguir objetivos y necesidades sin experimentar reacciones directas de los demás porque les temen.
    • DESCENTAJAS: Sentimientos de resentimiento y evitación por parte de las “víctimas” de agresión, relaciones poco duraderas o insatisfactorias, sentimientos de culpa (corto plazo) y tensión en la relación interpersonal o la evitación de futuros contactos con ella.
  • ASERTIVO: Expresan directamente lo que sienten, sus necesidades, sus derechos y sus opiniones, pero sin violar los derechos de los demás. En las conversaciones con los demás, lo que expresan con palabras va acompañado de conductas no verbales: postura adecuada, gestos con la cara, las manos… Para decir todo esto no se necesita humillar, desagradar o fastidiar a los demás. La conducta asertiva respeta a uno mismo/a (defiendes tus derechos) y a los/as demás.
    • VENTAJAS: Mejor control del ambiente y de uno sin sentimientos de ansiedad ni culpabilidad. Mayor satisfacción con uno mismo y con los demás. Independientemente de que se logren los objetivos o no, la persona que ha actuado asertivamente se siente mejor por haber sido capaz de expresar sus opiniones. La manifestación de la posición propia es probable que aumente la probabilidad de que otra persona respete dicha decisión y es probable que obtenga consecuencias favorables, pues recibe una comunicación clara y no manipulativa. Mayor satisfacción con la vida social, más confianza en uno mismo y mejores relaciones íntimas.


En función de lugar del continuo en el que nos movamos será necesario poner en marcha unas u otras estrategias de habilidades sociales. El objetivo último siempre va a ser aproximarnos lo más posible al estilo de comunicación ASERTIVO en el mayor numero de situaciones posibles. EN futuros artículos profundizaremos sobre estas estrategias que se deben poner en marcha para aprender a decir NO.

 

O-PSIgeno Centro de Psicología (Madrid)



Ana Gómez Mensayas

Ana Martín Hernández

Alicia Pérez González



Dejar respuesta

Por favor, introduce tu comentario
Por favor, introduce tu nombre