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Aunque seamos mucho los que estemos en desacuerdo, con la manera de administrar el gobierno lo que es de todos, no significa que lo esté haciendo todo mal ni mucho menos. Pues en democracia, a los gobernantes se les elige para que hagan uso de la confianza que les haya otorgado la mayoría de ciudadanos a través de las urnas. Así que durante el tiempo que dure la legislatura, guste o no guste, esa confianza la tiene legítimamente quién la tiene, como se nos recuerda siempre que ellos creen que deben hacerlo.



Otra cosa es que mucho de lo prometido en campaña electoral de cara a captar la voluntad del electorado, es decir, de la ciudadanía, una vez en el gobierno quede solo en eso; promesas. Y es que como dice el viejo refranero: «No es lo mismo predicar que dar trigo». O ese otro refrán: «Entre el dicho y el hecho hay mucho trecho».

Pero lo malo no es solo eso. Lo peor es que un gobierno presidido por quién en política lo ha sido casi todo, ahora quiera justificarse ante el malestar de la gente diciendo que, cuando llegaron desconocían la situación ruinosa en que se encontraba el país y ellos tuvieron que tomar medidas muy duras e impopulares para sanear unas cuentas plagadas de números rojos por todas partes. Por lo que habría que trabajárselo mucho y bien para corregir los excesos y errores cometidos (muchos de ellos silenciados) por la administración saliente.



—Sabíais que los españoles hemos estado gastando en lujos lo que no teníamos? —decía un amigo nuestro que ha tenido que cerrar su pequeño negocio antes de acabar en la ruina

— Eso es lo que se dice -media otro de los del corro- pero no es del todo cierto. A no ser que le llamen «lujos» a poder llevar a los hijos al colegio, a tener seguridad social y pasar los controles médicos con carácter preventivo incluso la asistencia permanente a los enfermos crónicos, por ejemplo.

—Tampoco es eso. Seguramente quién lo dice se refiere a que todos hemos querido tener, además de esas ventajas, un buen coche, apartamento en la costa, vacaciones en la playa, y otros placeres prescindibles. Y claro, ricos todos es imposible.

—Bueno, bueno, no sigáis porque no todo el mundo dice igual. Son muchos los que tienen coche como herramienta de trabajo, no tienen chalet en la costa ni hacen vacaciones en las playas y no se quejan. Con el rendimiento de su trabajo viven decorosamente y solo les preocupa tener una vejez lo mas placentera posible.

Cierto es, hay que reconocerlo, que todos los políticos en campaña electoral -insisto- prometen el oro y el moro para convencernos de que la solución a nuestros problemas la tiene cada uno de ellos. Después, quién consigue sentarse en el famoso «banco azul» del palacio de congresos, se ve obligado a dar prioridad de trato a grupos y a personas que por diversos intereses -confesables, o no- han arriesgado algo suyo en apoyo de esa candidatura. Y a propósito de esto que digo, me permito transcribir éste otro refrán popular que dice: «De bien nacidos es ser agradecidos». O este otro en forma de indirecta: «Quién regala bien vende si el que lo toma lo entiende».

Mientras tanto, y eso es lo lamentable, transcurridos ¡mas de treinta años! con un régimen «democrático», el país próspero, moderno y europeo que hubiésemos querido todos, aun somos mayoría quienes no lo vemos por ninguna parte. Y me temo que si ese bienestar tan deseado por todos (y que disfrutamos algún tiempo) se recupera, para las generaciones que mas hicimos para lograrlo, llegaría demasiado tarde.

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