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Fermín Gassol Peco



Director de Cáritas Diocesana de Ciudad Real

El hombre desde que hizo su aparición en nuestro planeta hace ¿un millón de años? no ha dejado de evolucionar. A base de observar y reflexionar sobre todo aquello que sucedía a su alrededor, fue desentrañando la realidad que estaba esperándolo. La inteligencia le ha servido para conocer las realidades que ya existían y para descubrir otras nuevas, unas para su orgullo y satisfacción como ser social y otras para su preocupación y desconsuelo.



De esta manera el ser humano siempre ha sido un explorador y constructor de la vida. Entre las múltiples conquistas realizadas, unas fueron de un alcance más o menos previsible, otras, fruto de esfuerzos más prolongados en el tiempo; sin embargo hubo algunas que se presumían como difícilmente alcanzables, meras utopías.

 La utopía, ese anhelo tan deseable como en un principio imposible de conseguir, una meta tras la cual el hombre ha ido caminando, siempre por el afán ilusionante de aquellos “locos” que la veían como algo lejano, pero posible.



Como en años anteriores asistimos en estas fechas a la campaña para la erradicación de la pobreza en el mundo… alcanzar el estado de “Pobreza Cero”, un objetivo largamente perseguido por algunos, no demasiados, tan urgente, justo y encomiable como, al parecer y de momento, desgraciadamente utópico.

La materia más trascendente a la vez que pendiente de superar por parte de la humanidad, es la asignatura de la desaparición de la pobreza. Parecían haber pasado los años en los que el hecho de vivir constituía para la inmensa mayoría de los hombres una tortuosa experiencia. Sin embargo, pese a encontrarnos en la civilización del desarrollo tecnológico con sus inventos más impresionantes y transcendentes, la pobreza continúa siendo una asignatura de primer curso sin aprobar aún en esta carrera en que está sumida la humanidad y que ejerce, creo que de manera fraudulenta, al tener pendiente de superar esta materia que es fundamental para ostentar el título que faculta a la humanidad como una Comunidad Solidaria.



Decía Ludwig Feuerbach, padre del humanismo ateo, autor del concepto de alienación que “cada hombre piensa según lo que come y que no se piensa igual viviendo debajo de un palacio que debajo de una choza.” La afirmación que en su día hiciera Feuerbach tiene poco que refutar por lo que ofrece de evidente. Pues bien, esa afirmación realizada hace ya dos siglos perecería no tener ninguna actualidad; una gran parte de los mortales, aunque no todos, no vivimos hoy ni bajo chozas ni bajo palacios sino que lo hacemos de manera mucho más pareja y en habitáculos con distinta espaciosidad,  pero casi siempre dignos.

Sin embargo y sin ánimo de ser agorero, “el fantasma de las chozas”, del hambre está presente todavía y de qué manera  en el mundo. Hoy vivimos más personas en la Tierra que nunca y para muchos de nosotros la existencia es aún una cruel pesadilla. Mil millones de nuestros semejantes pasan hambre. Para Feuerbach la alienación por aquel entonces tenía el nombre de dios como idea- evasión ante el problema de la desigualdad que había entre chozas y palacios; sin embargo hoy ya no parece muy serio recurrir a esa fácil y creo que también evasiva causa; la sociedad parece estar “liberada de ese concepto” y la alienación sigue presente en buena parte del planeta más que nunca.



Un mal éste del que, al parecer  tampoco una buena parte de la humanidad quiere saber nada; las continuas “Lampedusas” a las que asistimos a diario son hirientes e infames ejemplos. Y esto es lo más preocupante…que nos encontremos ante una sociedad económica y técnicamente desarrollada pero incapaz de sorprenderse ya ante los continuos casos de tragedias, empobrecida pues, de valores, sobre todo del sagrado valor de la solidaridad humana.

Y aterrizando en el frío pero en este caso, necesario y preocupante campo de los números y de la estadística, veamos lo que sucede aquí, muy cerca, lo que todos nosotros “oímos, vemos, olemos, pero quizá no degustemos ni nos atrevamos a tocar”: Según datos del I.N.E. una de cada cinco personas no superan el umbral de la pobreza en nuestro país. Diez millones de pobres hay en nuestro país, de éstos un millón sobreviven sin ningún ingreso. Según recoge el último Informe del Observatorio de la Realidad Social dado a conocer por Cáritas Española hace unas fechas, la pobreza severa alcanza ya a tres millones de personas en España. Según otras fuentes de esta cifra, cincuenta mil familias lo están en Castilla La Mancha. (Se entiende por pobreza severa aquella persona que no supera los 307 € de ingresos mensuales). ¿Cómo sobre viven?…pues de la generosidad de aquellos que viven la solidaridad, de particulares, de organizaciones humanitarias como el Banco de Alimentos, Cruz Roja y la eclesial, Cáritas Internationalis, entre otras.



Y lo más descorazonador: uno de cada cuatro niños está creciendo en la pobreza. Para unos padres y para una sociedad, ver que los hijos que ha engendrado crecen sin futuro…condenados a vivir de manera precaria, supone mostrar el lado más oscuro, doloroso y vergonzante de su milenaria historia. Es la prueba fehaciente del fracaso de un sistema que basa la dignidad del ser humano en el dinero, de una “filosofía” tan enjuta y pobre que solo ve a la persona como sujeto económico, como un billete o moneda de cambio. Resulta tremendo si nos paramos a pensar un poco en ello porque estamos ante un gravísimo pecado social.

Resulta paradójico que en pleno siglo veintiuno, cuando los castillos se han quedado como bellos monumentos para ser visitados, existan también otros castillos en las conciencias de los poderes fácticos del primer mundo que parecen seguir ignorando dentro de sus paredes de confort y despilfarro a esa escalofriante realidad. Porque con estos datos y esta perspectiva. ¿Podemos refutar que la erradicación del hambre va a continuar siendo una utopía desgraciadamente inalcanzable? Más valdría concienciarnos, tomarnos en serio este preocupante “problemón social” y ponernos a trabajar, porque de seguir así,…esta sociedad que se cree civilizada…tiene sus años muy contados.



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