Parece que deseabas que escribiera para ti,
sentí tu aliento en el zaguán austero de mi desvelo
cobijada sutilmente entre las estremecidas pesadillas
y el silencio reapareció y ensalzó el viento
que hubo de llevarte mis palabras marchitas.

El caso es que no me percaté del encierro,
sentí acaso, como todo se hacía trágico a mi alrededor,
como la noche despuntaba su céfiro contorno
y los pájaros volaban por encima del hombro;
nada más pude saber de ti, salvo la consecuencia
de mi inoportuna e impropia estupidez al olvidarte,
y aun así seguías condensando el vaho en la ventana
e imaginando otros universos muy lejos de mí.


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Y seguí trajinando los recuerdos, con el frío varado
en los débiles huesos de mi anatomía mortecina,
y las huellas sobre los cristales, llevaron la soledad
al baúl del olvido y la eterna descripción inconclusa.

No fueron vanos tus intentos, pudo ser que te viera
girando por las esquinas de la desgastada melancolía,
o que la salvaje emoción creciera en el perfume del deseo,
el caso es que, desde aquél momento, veo las primaveras
abriendo la ventana y escribiéndote después mis versos.



Sé que aún esperas que escriba para ti.

bernao



 

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