Salones Epilogo

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Cada día entiendo menos lo que pasa. Por momentos tengo la sensación de que todo va a reventar, de que nada de lo que le ocurre a este país es sostenible. En ocasiones me descubro tapándome los oídos, cerrando fuertemente los ojos y cubriéndome la cabeza, como si la explosión fuera inminente. Al cabo de un rato, abro los ojos y con cara de incredulidad veo que todo sigue en su sitio. No soy capaz de comprender lo que ocurre. No digo que no tenga explicación, digo que yo no lo comprendo. Soy consciente de mis limitaciones, puede que todo sea más complejo de lo que alcanza mi corto entender.

–¿Has visto Barcenas? Si ya decía yo que estos del PP…

–Pues los sociatas sí son jodidos. Mira lo de los ERES en Andalucía…

No me sorprende que se den situaciones delictivas, o que sin serlo sean perjudiciales para la sociedad en su conjunto; supongo que es inherente a la condición humana. Siempre habrá quien intente saltarse las reglas del juego en beneficio propio, y los políticos en esto no son una excepción –hay quien dice que son especialistas–. Lo que me sorprende, y no termino de comprender, son las reacciones, la forma de afrontar la situación de los encargados de comerse los marrones, de los encargados de emendar errores propios o ajenos. Me sorprenden las reacciones del resto, de los honestos, de los que no tienen nada que ocultar. Y me sorprende más aún las reacciones, en el bar, de quien no tiene nada que ver con estas situaciones, las reacciones de una gran parte de la ciudadanía. La gente lleva su voto como una pesada carga, como quien toma una decisión sin vuelta atrás. Una decisión con la que tendrá que convivir y a la que tendrá que dar sentido el resto de sus días.



Pues no. Que tú votases a este o a aquél partido no te hace cómplice de sus errores, o de las fechorías de los que utilizan sus siglas para delinquir; no tienes la obligación de defenderlo. Tú votaste de buena fe. A ti también te la han liado, no solo a los que no les votaron. Además es muy probable que los tejemanejes solo sean cosa de cuatro listos (o eso quiero pensar) a los que, por obligación, sean del partido que sean –si son del «nuestro» con más razón–, debemos afearles la conducta.

–¡¡¡Señor presidente: lo que ocurre en su partido es imperdonable!!!

–¡¡¡Tiene usted mucho por lo que callar, señoría!!!

No me explico el «y tú más» en personas adultas. Si se te ha caído el café encima, quítate los pantalones y échalos a lavar. No busques manchas en pantalones ajenos, que las encontrarás –en todas partes cuecen habas–, pero tus pantalones seguirán hechos una porquería. Además tú, político, eres un referente público; tus pantalones tienen que estar inmaculados. Se te ha encomendado gestionar el dinero de todos. Tienes que hacer leyes, procurar que la ciudadanía las comprenda y las respete, y obligar a que las respete al que no lo hace. ¿Como piensas hacerlo con los pantalones sucios, so listo?


DO La Mancha 700×200

Eso de que otros vendrán que bueno te harán, es mentira. Uno es lo malo o bueno que es; independientemente de que otro sea, haya sido o vaya a ser igual o peor que tú. La mierda de otro no lava la mía, solo mi jabón puede lavarla.

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EUROCAJA RURAL PIE


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