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Foto: Herizo Maestre, Serafín. Tomelloso: geografía afectiva 1865-1939. Tomelloso: Posada de los Portales, 1994 – Fotografía de la portada
Foto: Herizo Maestre, Serafín. Tomelloso: geografía afectiva 1865-1939. Tomelloso: Posada de los Portales, 1994 – Fotografía de la portada

La Feria a primeros de agosto

Decíamos el año pasado, en el programa de festejos de la feria de Tomelloso, que en 1919 el Ayuntamiento acordó trasladar el Real de la Feria a la explanada del hospital de don Víctor. De esta forma, la feria volvía de nuevo, tras el experimento de 1918 de llevarla a la calle de Doña Crisanta, a la calle que la vio nacer en 1859, si bien, a su parte final.


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Ahora el Real de la Feria sería el paseo de las Moreras, el paseo de don Ramón Ugena, entonces llamado paseo de la Feria, así como la explanada de San Isidro. Sería en esa explanada, también llamada de la Estación, donde tendrían lugar los fuegos artificiales de inauguración de la feria durante bastantes años, hasta que luego, ya en los años cuarenta se trasladó a la explanada del barrio Obrero.

Ese primer año de nuestro relato, 1920, también por acuerdo del Ayuntamiento del año anterior, la feria se celebró del 1 al 5 de agosto, siendo por tanto el día de «la pólvora» el 31 de julio. Esa noche, a las 10, tras un repique de campanas, se procedió a la apertura del Real de la Feria, al que siguió un concierto de la Banda Municipal y a la proyección de cine al aire libre.



Estos conciertos de la Banda Municipal en feria y el cine al aire libre, normalmente en la plaza, una veces llamada de la Constitución, luego de la República y, más tarde, de España, serán una constante de la feria de Tomelloso hasta bien entrado el siglo XX.

Así, en los cinco días de esta feria de 1920, hubo «cinematógrafo público» y, al menos, dos conciertos de la Banda de Música. El programa se cerró con los tradicionales concursos de cucañas, actuaciones de zarzuela y opereta en el Teatro Álvarez, luego llamado Teatro Principal, sesiones de cine en el Salón Serna y, cómo no en una población entonces tan amante de la Fiesta Nacional, con una corrida de toros el día 3 de agosto y una novillada el 4. También hubo elevación de globos grotescos desde la plaza pública y dianas a las 4 de la mañana -las 6 actuales, por el cambio horario producido años después-, consumadas por la Banda Municipal.


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Hasta la Guerra Civil

En 1922, el Ayuntamiento nuevamente acuerda un cambio de fechas, ahora la feria se celebraría a partir del 10 de septiembre, con lo que «la pólvora» sería el día 9 por la noche. Y así, desde esa fecha, ese sería el del comienzo de nuestra feria año tras año hasta 1955 en que cambió al 28 de agosto.



En 1924, la feria duró hasta el 15 de septiembre. En ella, junto a toros, dianas y conciertos de la Banda Municipal, carreras ciclistas y bendición de carruajes, se celebraron varios encuentros de fútbol entre el equipo de la localidad y otros de la provincia. El fútbol será también otra constante en nuestra feria durante años.

Pocos más datos tenemos de la feria en los años veinte del siglo XX, salvo que fue en esas fechas cuando nació el tradicional programa de festejos, entonces apenas una hoja suelta o un par de hojas grapadas.


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Desde 1930 sabemos que la feria tenía una duración de siete días, del 10 al 16 de septiembre, duración que se mantuvo hasta 1955, cuando bajó a los seis actuales. Ese 1930, año en que se conmemoraba el IV Centenario de la Fundación de Tomelloso, los festejos fueron celebrados en honor de la patrona de Tomelloso, la Virgen de Peñarroya. Al año siguiente, tras la proclamación de la II República en abril, la feria de Tomelloso sería laica hasta 1935, último año de esa década con feria, pues durante la Guerra Civil no se celebró.

De 1935, en concreto el día 9 de septiembre, data el estreno, cantado y tocado por la Banda Municipal y el Orfeón Mixto, del himno dedicado a Tomelloso, con letra de Leocadio Díaz y música del maestro Echevarría. Es este el himno, ligeramente adaptado, que aún Tomelloso tiene como propio y que acompaña, entre otros actos, al toque de las horas del reloj de nuestro Ayuntamiento.


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La mayor feria de la provincia

Tras el fin de la Guerra, la feria de Tomelloso arrancó nuevamente su andadura instalada, como antaño, en el paseo de la Estación y con los mismos días de celebración. Su programa seguía engrosado por actuaciones de la Banda Municipal, por corridas de toros, por partidos de fútbol y por funciones del cinematógrafo, todavía al aire libre, en la plaza de España.


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Muy poco después, en 1942, ya la feria es dedicada en honor a la Santísima Virgen de las Viñas, recién nombrada patrona de Tomelloso. El año anterior, todavía sin virgen propia, la feria fue dedicada en honor a Ntra. Sra. de la Asunción. Será a la Virgen de las Viñas a la que se dediquen nuestras ferias desde ese año y así lo vemos aparecer, un año tras otro, en los programas de festejos.

Las ferias de los años cuarenta van creciendo en tamaño y popularidad, el paseo de la Estación se quedó corto para albergar los puestos y atracciones, extendiéndose estos desde la parte final del paseo de las Moreras y llegando, tras recorrer todo el paseo de la Feria, hasta la calle de la Estación, donde tascas de zarzos vendían vino y vermut a los que allí se allegaban.

Varias generaciones de tomelloseros quedaron marcadas por estas fiestas. Por el pasear, calle arriba y abajo, por esos paseos, bien como niños en busca de juguetes y atracciones -«las barcas», «los caballitos», «las bicicletas de hierro», «la ola», «el trenillo», «el tiro a los patitos»…-, bien como jóvenes en busca de la mirada de una chica que, luego, tras la cena, debía salir de su casa acompañada de sus padres o de una pareja mayor.

La feria de Tomelloso se convertiría así en la mayor de la provincia, tanto por el público que atraía como por su tamaño, oportunidades de mercado -la famosa «cuerda» de ganado- y espectáculos que ofrecía, como la elección de Miss Tomelloso en 1941 o la Fiesta del Arte celebrada en el Teatro Cervantes en 1944 que, a la postre, sería luego considerada la I Fiesta de las Letras.

No obstante, los toros, el ciclismo y el fútbol serían sus principales atracciones, si bien, tras el derrumbe de una grada portátil de la plaza de toros donde estaba instalada la Banda Municipal, en 1953, no se volverían a celebrar toros en Tomelloso hasta que, ya en 1972, la actual plaza fuera inaugurada.

1139_1975 - Feria, XXV Fiesta de las Letras (vuelto, exp.) (g)

La Fiesta de las Letras y otras celebraciones

En 1951, tuvo lugar la II Fiesta de las Letras bajo el impulso del escritor Francisco García Pavón. El acto tuvo lugar en el Teatro Principal, donde se mantuvo hasta 1972, cuando pasó a celebrarse en el Teatro Serna unos años y otros en el Torres. La cena de gala a los autores premiados y a la Reina y su Corte, establecidas también ese año por primera vez, tuvo lugar en el pabellón El Plantío situado tras el Hospital-Asilo. De este modo, en años sucesivos, las ferias contarían con dos recintos para ofrecer bailes, el mencionado y la verbena popular del callejón de San Isidro, hoy calle de la Cruz.

Del pabellón El Plantío, luego llamado La Florida, la cena de gala y los bailes y actuaciones pasaron a celebrarse en la glorieta de María Cristina, donde se mantuvieron hasta que en 1974, coincidiendo con el traslado de la feria al actual reciento ferial, pasaron a realizarse en los jardines del actual parque de la Constitución.

Como dijimos, la feria cambió sus fechas de celebración en 1955 para pasar a celebrarse del 29 de agosto al 3 de septiembre, siendo «la pólvora» el 28 de agosto. Luego, en 1981, para coincidir con la finalización del mes de agosto y crear así menos perjuicio a los vecinos y visitantes, se adelantó nuevamente a las actuales fechas del 25 al 30 de agosto, con la inauguración a las 12 de la noche del 24 de agosto.

En 1967, durante el mandato de Juan Torres como alcalde de Tomelloso, se puso en marcha la Fiesta de la Vendimia así como la comida a los ancianos del Hospital-Asilo servida por la Reina y Damas. En 1971 tuvo lugar el I Concurso Regional de Catadores de Vino, al que luego, años más tarde, se uniría el de cata de otros productos típicos de la localidad. De 1973 data el I Día del Ausente, otra de las actuales señas de identidad de nuestra feria.

En 1985, los días de la feria fueron dedicados a distintos colectivos, que con el tiempo acabarían sumando a la patrona, los ausentes, los mayores, los niños, el viticultor y las artes. Finalmente, ya en 1997, se crearía la distinción de los Viñadores de Honor. Pocas variaciones más en cuanto a homenajes cabe mencionar desde entonces.

Los programas de festejos

Son estas publicaciones las que, en los últimos cien años, han mantenido la memoria exacta de nuestra feria. Al principio eran poco más que una hoja suelta plegada o un par de ellas grapadas con la impresión de los distintos actos a celebrar cada día. Luego, su extensión aumentaría, convirtiéndose prácticamente en un catálogo de los comerciantes e industriales de Tomelloso. También, desde los años 30, incluyeron textos de distintos autores sobre la localidad, bien tomelloseros, bien ajenos pero vinculados a ella por lazos emocionales.

Tras la Guerra Civil su tamaño se redujo pero, pronto, ya desde 1945, vuelve nuevamente a engrosarse y a incluir en su portada motivos artísticos o ilustraciones en relación a Tomelloso, en algunos casos de la mano de artistas tan emblemáticos como los López Torres, tío y sobrino. Con el tiempo, se acabaría convocando un concurso para determinar qué obra sería la protagonista.

Desde los años sesenta incorporarían también el texto de las obras premiadas en la Fiesta de las Letras del año anterior y, desde finales de esa década, un resumen gráfico de lo ocurrido entre feria y feria, germen de los posteriores anuarios incluidos en él. Hubo años, a principios de los noventa, en que más que un programa de festejos se convirtieron en una carpeta que aglutinaba varias publicaciones, entre ellas, un cuadernillo con relatos inéditos de Francisco Martínez Ramírez, el Obrero.

Al final, entre sus páginas podemos leer las voces de casi todos los que han cultivado la escritura en Tomelloso, bien en calidad de colaboradores, bien como artistas premiados en la Fiesta de las Letras. Desde unos tempranos Luis Quirós y Gregorio Arrieta, en los años treinta, pasando por el maestro Echevarría, Carlos Morales Antequera, García Pavón, en nuestra posguerra, hasta las firmas más actuales. También, cómo no, las de unos mantenedores que siempre colmaron de cumplidos a nuestro pueblo y sus gentes.

Es pues, en el fondo, esa Fiesta de las Letras impulsada por García Pavón a principios de los años cincuenta la que, al final, acabó ganando la partida a «la cuerda» y a la compraventa de útiles agrícolas y de cocina, a los toros, al ciclismo y al fútbol, a las atracciones y a los puestos de juguetes que, de manera habitual, son la esencia de cualquier feria. Como clarividentemente decía Paco Pavón en 1965 en relación al cambio del leitmotiv de nuestra Feria: «Ya podemos hablar de la Feria de las Letras». Y así, gracias a ese trueque, ese Tomelloso volcado al campo acabó acunando al mayor número de escritores y artistas que cualquier ciudad de nuestro entorno quisiera para sí y convirtiendo a nuestra feria, además de en fechas de ocio, en la mejor ocasión para premiar cada año a sus vecinos más destacados.

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