Habría que darse cuenta que,
el único conocimiento incorpóreo
es el estado irracional del ánimo,
allí, en la confluencia de la sensación
y la unión de las disimulas emociones,
el hombre, con su peregrinar cansado,
sucumbe ante el estallido de su biósfera.

Tanto hemos leído, tanto hemos creído,
tanto hemos soñado que, en el trance,
la vida renace de sus simuladas prohibiciones
y envuelve de luz difusa las dóciles ilusiones.



Seguro que existió un lugar
-mucho antes de crearse el mundo-
donde las almas ya bailaran desnudas,
un lugar donde el tiempo se detuvo
y dejó flotando los níveos segundos
en el parnaso florecido de los misterios.

Por eso creo que, en el silencio se encuentra
el misterio de las emociones indemostrables,
el desgaste de la moral y las dóciles desgracias
donde la tristeza creó las desnudas nostalgias.



las-emociones



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