En el artículo “Realidad o religión” toqué someramente, porque a fondo nos llevaría muchas páginas, algún aspecto de la relación  entre  religión,  cultura y costumbres.



Todos los años la astronomía nos recuerda que tenemos dos solsticios: uno de verano, alrededor del día veintiuno  de junio y otro de invierno, en torno al veintidós de diciembre de cada año. En el solsticio de verano del hemisferio norte el Sol alcanza el cenit al mediodía sobre el Trópico de Cáncer, mientras que en el solsticio de invierno alcanza el cenit al mediodía sobre el Trópico de Capricornio.

La palabra solsticio deriva del latín (compuesta del sustantivo “sol” y el verbo “sto” o “sisto”, ambos sinónimos) y significa «el sol parado o detenido» y es que durante los solsticios, el sol parece parar su actividad y quedarse quieto.

Tal acontecimiento se celebra con fiestas desde tiempos inmemoriales, desde luego muy anteriores a la aparición del cristianismo. Se tenían por fiestas paganas, es decir las que celebraban los habitantes de los pagos, agricultores  o ganaderos y personas que de una manera u otra trabajaban fuera de las ciudades, o sea en el campo.



En la cultura celta los druidas celebraban la llegada del solsticio de verano encendiendo grandes hogueras, buscando la bendición de tierras, hombres y ganado.

Los griegos prendían piras purificadoras en honor a Apolo el dios del sol y de la luz. Los romanos dedicaron a su diosa Minerva unas fiestas también con el fuego como elemento distintivo.

Llegó un momento en que estos acontecimientos astrales celebrados según distintas culturas y religiones se cristianizaron, si es que se puede cristianizar algo. El veinticuatro de junio colocó la Iglesia la fiesta del  nacimiento de  San Juan Bautista y en la noche del  veinticuatro al veinticinco de diciembre la del nacimiento de Jesús el Señor. Y así ha llegado a nuestros días.



Como elemento importante de estas celebraciones es el Fuego, quema, purifica, destruye, transforma… En lugares de costa también el elemento Agua  purificadora y destructora, incluyendo el efecto antagónico de fuente de vida. Juntos con el Aire y la Tierra formaban los cuatro elementos arquetipos de la naturaleza según la lista de  Empédocles filósofo presocrático de la Antigua Grecia y recordado por Platón.

El que la Iglesia haya cristianizado estas fiestas no debe extrañarnos, entre otras razones porque es un modo de justificar, léase, sacralizar lo que es pagano. Este modo de proceder no es exclusivo de la Iglesia Cristiana Católica, es propio de cualquier religión e incluso de cualquier persona que se sienta religiosa. Lo de santificar o bendecir  es común al género humano. No entro en este momento en ninguna calificación ética o teológica, ni en justificar la maldad o bondad del hecho.

Entre paréntesis y a modo de aclaración; pienso que cristianar, ser cristiano es exclusivo de las personas no de las cosas. Cristianar es administrar el bautismo para que una persona siga a Jesús-Cristo. Ni las asociaciones culturales ni las organizaciones políticas pueden llamarse cristianas, aunque así lo hagan por intereses propagandísticos y alcanzar  más gente. De hecho estamos acostumbradas a esos nombres.



Volviendo al centro del tema  reflexionado, observamos que son muchas las ocasiones y las gentes ansiosas de bendiciones. Aquel que pone un negocio y llama al sacerdote de la parroquia para que lo bendiga. La que se compra una casa y no está tranquila hasta que el cura recita unas oraciones benditorias y  asperja agua bendita sobre la estancia. Se cuenta de algún  prostíbulo, que funcionó sin bendición porque en el pueblo ni en los alrededores se encontró sacerdote dispuesto a la bendición.  Aunque suene a ironía.

En el fondo disfrutamos mucho intercalando en nuestra historia acontecimientos donde se difuminen los colores de lo material, lo sagrado, lo mágico. En las cabalgatas de los Reyes Magos (fiesta aparentemente religiosa) nos hartamos de oír la palabra mágico, ¿acaso los Magos son magos? Es que mago en la antigüedad significaba erudito, ahora es el hacedor de juegos de manos aparentemente inexplicables.

Y si queremos subir de tono añadimos a todo esto la brujería, el satanismo, lo esotérico, los exorcismos y demás peculiaridades que dejarían como iniciados los bebedizos de Panoramix en los comics de Astérix.



En otra ocasión seguiremos con estos contenidos altamente atrayentes.



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