guardia-civil

La pareja de la guardia civil es el epítome de las uniones de hecho cañís. Circunspectos, olivados, amostachados, serios, charolados parsimoniosos y camineros (dadme unos sorbitos de agua. / Agua con peces y barcos, / agua, agua, agua, agua).


MANCHATEL – Fibra orange proximamente…

La pareja de la guardia civil andaba con zapatos, tricornio, capa, juanetes, fusil al hombro y la mano suelta. En verano llevaban el tocado con visera, forrado de tela verde y con una cogotera, como en “Beau Geste”. Otras veces iban en bicicleta, o en contadas ocasiones a caballo. A las sardinas saladas, esas de cuba, por aquí se les llaman guardiaciviles, por lo estiradas. Sardinas lorquianas como almuerzo de vendimia. Y un tomate.

Ahora los civiles son jóvenes suficientemente preparados para combatir la delincuencia, a todos los niveles. Los picoletos de mis primeros años de gasolinero eran casi todos cuarentones, mayormente desertores del arado; algún guarda de la “Hermandad de Labradores y Ganaderos”   —suena a la “Santa Hermandad”— que tenía los pies como catafalcos, muchos extremeños y de la zona de Ciudad Real que linda con Badajoz. Hacían las patrullas andando, o en el coche de un cabo cabezorro, un Simca 1000 granate. Había noches que no salían de la gasolinera. Una capa de tapete y el julepe de entretenimiento, como si no hubiera un mañana.



—¡Moza!

En 1978, el año de mi incorporación a mangueras, trajeron una comisaria de la Policía Nacional. La pusieron en una antigua escuela de niñas. Vestían de gris (y tú de azul); al poco se tornaron marrones. Pedían carnets, echaban barriga y vivían como clérigos. Pero por un altercado en el fútbol —uno de esos que hay en todos sitios y que cumplen las ordenanzas a pies juntillas echó mano del fusco y se lió la de San Quintín— el pueblo a una pidió que se los llevasen y el gobierno quitó la jefatura de Tomelloso. Ya se sabe, la tentación no descansa y un tonto jode a un pueblo.


Hidymec

Años después repasando la anécdota en una de esas noches de gasolinera, civiles y julepe (o hijoputa, según se terciase), uno de los picoletos nos contó una aventura futbolera.

Mandaron a una pareja a una aldea a guardar el orden en un partido de vigesimoquinta regional. El campo estaba en una era con dos porterías sin redes y las rayas pintadas con cal. Los aficionados se ponían de pie junto a las líneas de banda. Eran como esos paletos de las películas Landa y Sacristán: monoceja, boina calada y garrota. De vez en cuando le enganchaban la canilla a alguno del equipo contrario con la vuelta de la cachaba y lo derribaban. El árbitro (otro de esos seres inflexibles que tanto daño hacen a la humanidad) pitó un penalti, por los pelos, al equipo local, que perdió.


DipuCR – Sabores del Quijote

Al señalar el final, tuvo que salir corriendo al refugiarse a la caseta (nunca mejor dicho). Los del pueblo lo esperaban para catarlo de sal y el trencilla no salía. Los civiles consiguieron pasar al chamizo que servía de vestuario a intentar convencerlo de que saliese, que era tarde y venía lloviendo.

—Mira —le dijo nuestro amigo— te sacamos entre los dos, como si fueses detenido. Verás como no te hacen nada. Y si alguno pregunta le decimos que esta noche duermes en el cuartel por la birria de arbitraje.


MANCHATEL – Fibra orange proximamente…

—Hombre señor guardia, el penalti era legal… no admito que se ponga en duda mi honestidad ni fingidamente. —dijo el de negro y sin música de fondo, ni nada.

—Pues tú verás, nosotros nos tenemos que ir ya.


Dipu CR – Aniversario Edificio

Al final el tipo accedió y salió de la caseta como un detenido. Los de la aldea, en silencio hicieron un pasillo, como en las películas. Cuando estaban llegando al Land Rover y respirando aliviados, una señora llegó corriendo y blandiendo el bolso.

—¡Sinvergüenza, nos has robado el partido! —y le enhebró un bolsazo en los morros al colegiado.


Dipu CR – Aniversario Edificio

Fue la señal de salida. Les dieron hasta en el forro del tricornio mientras conseguían meterse en el todoterreno.

—¿Y el árbitro?

—¿El árbitro? Allí se quedó… y un mes en el hospital. No hay que ser tan estricto con las leyes. —sentenció mientras recogía el pozo.

EURO CAJA RURAL PIE

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