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“Sin una familia, el hombre, solo en el mundo, tiembla de frío”.(André Mourois)

Las relaciones personales son las comunicaciones más profunda que pueden llegar a tener dos personas entre sí. Con ellas descubrimos la realidad total de nuestra identidad a través de aquella persona con la que nos relacionamos. Es una relación basada única y exclusivamente en la libre apertura y donación que tiene como característica más significativa el conocimiento completo de uno mismo ya que nos hace descubrir de manera gozosa nuestra verdadera identidad. Una expresión que trascendiendo nuestra capacidad natural de amar, satisface y colma a nuestra propia naturaleza, a la vez que hace que nos sintamos sorprendidos por la dimensión que ese acto de amor conlleva. Se trata pues de una experiencia real que inunda a todo el edificio del ser humano y que se alza más allá de él mismo.



La experiencia amorosa de dos seres humanos, si es realmente personal y no meramente cósica, lleva a tal grado de unión que aún en la ausencia, el ser amado se hace presente, una unión que mantiene sin embargo perfectamente definida la identidad y libertad de aquellos que se aman, una relación que escapa al tiempo y al espacio.

El ser humano, o la persona como lugar de encuentro de esa vocación amante, o la persona como un ser abierto, como pura relación, como apertura confiada a los demás. Esta apertura, esta salida de nosotros mismos es lo que nos define de una manera radical. Y en esa relación es fundamental la condición de hijos que nos define. Renunciar a la filiación es hacerlo a nuestra verdadera naturaleza. Sin la filiación, el hombre no existe y por lo tanto la familia. La filiación es lo que identifica por tanto al ser humano, pues todos somos hijos. La filiación es el único regalo universal consecuencia del amor humano que se da y se recibe. Se da cuando los padres engendran una nueva vida y se recibe cuando el hijo agradece y toma conciencia de ello en ese acto de amor entre sus padres.

El matrimonio no es la unión de dos individuos, sino de dos personas. El matrimonio es una comunidad gratuita de amor, de dos seres que encuentran en el otro la complementariedad y la identificación. Cuando conocemos a quien será nuestra otra mitad siempre lo consideramos como el mejor regalo, como la mayor sorpresa de nuestras vidas, algo que modifica de manera profunda, novedosa e irrepetible nuestro ser. Si no, recordemos el día en que nos enamoramos.



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