Salones Epilogo

toser

Desde que se han convertido en inseparables compañeros de viaje, aunque ese viaje se haga para ir a un lugar donde no pueden ser utilizados como en conciertos u otros espectáculos, una voz siempre nos recuerda de manera muy amable que apaguemos nuestros teléfonos móviles. La cosa va teniendo aceptación aunque siempre hay algún “sordo” que no se entera.


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Sin embargo lo que todavía no se atreven a “pedir los altavoces” y creo necesario, es que también “se apaguen las gargantas”, es decir, que los espectadores se priven de utilizar las toses y charlas mientras suena la orquesta o se representa una obra de teatro. Y es que asistimos de una manera demasiado reiterativa a un desagradable concierto alternativo de gaznates una vez comienza cualquier espectáculo, sobre todo si es musical,  que se suma de manera discordante al coro y a la orquesta titular resultando tal dueto una puñetera pena.

Y lo que resulta más penoso del nada conseguido “ensamble” es que estos “barítonos y sopranos” que están sentados en el patio de butacas no se hayan preparado la partitura y “desafinen cosa fina”. Aunque incomprensiblemente demuestren una espontánea sincronización entre ellas pues a la hora del descanso entre movimiento y movimiento (en los que algunos por cierto todavía no se han enterado que no deben aplaudir), estas gargantas callan, esperando que el concierto continúe para seguir interpretándolo también a su manera.


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La verdad es que no todos “cantan” igual; la extensa gama de charlas y toses va desde los recitativos, aquellos que encierran diálogos ajenos a la partitura, hasta los que se explayan en sus solos de garganta a boca abierta como queriendo demostrar que sus toses llenan el espacio como nadie, (lo sufrí hace muy poco con una espectadora de la fila de atrás), pasando por los que lo hacen con moderación, frenando el tono, lo cual demuestra al menos cierto grado de sensibilidad.

Todos sabemos que toser es algo reflejo y para eso están las manos, los pañuelos, la sensibilidad y otras sordinas, para intentar frenar el cante. Lo que sí se pueden controlar mucho más fácilmente son esos recitativos con el vecino de butaca y abstener de hacerlos porque tampoco están en el programa.


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 Pero como no pretendo pasar por un tío demasiado serio, les contaré un sucedido de hace tiempo en un teatro de Madrid durante la representación de Nabucco. Cantando el coro del tercer acto, el famoso “Va Pansiero”, dos espectadores recitaban su dúo particular en el patio de butacas; cuando el coro en el escenario atacaba sus últimas notas, las más exigentes, los dos charlatanes elevaron así mismo el tono de las suyas para poderse oír y enfrascados en el acalorado diálogo, cada vez más ajenos al coro de la ópera de Verdi, siguieron con el suyo. Callados ya los esclavos, entonces se pudo oír desde la última fila un fuerte y nítido lamento. …¡¡¡y no me la pude tirar!!!…La frase, obviamente no formaba parte de esa ópera  y sonó, digamos que como algo muy extraño, demasiado ajeno a la partitura. Para qué contarles nada.

Lo dicho, desde estas líneas insinúo la necesidad de modificar en parte el texto del aviso a dar antes de comenzar el espectáculo: Señores espectadores, hagan el favor de apagar sus teléfonos y sus gargantas móviles.  Muchas gracias.

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