Salones Epilogo

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Cuando dos personas hablan habitualmente del tiempo, muy probablemente pocas cosas más tienen que decirse. Socorrido tema de conversación recurrente para muchos encuentros de urgencia, de compromiso inevitable, idóneos para situaciones donde el intelecto no pretende ni necesita complicarse. Sucedáneo de los silencios más profundos.

Sin embargo no pretendo referirme a este tiempo de conversación climático ni al concepto del tiempo resultante de una ecuación física; tampoco al tiempo como cuarta dimensión. No es éste sitio para hacerlo. El tiempo al que quiero referirme es al tiempo vital, al tiempo como medida de nuestros días; de nuestros lunes, de nuestros martes…sábados y domingos.


DO La Mancha – INLINE

Las cosas, llevan su tiempo decimos; frase cotidiana donde las haya. El tiempo como medidor exacto, como compás de espera activa para que las cosas puedan terminar siendo lo que han de ser. El ser humano, cada uno de nosotros también necesitamos tiempo y es que nuestra naturaleza no admite “atajos”. Cualquier ocurrencia, el invento es algo más serio, para “adelantar” lo que el tiempo no ha resuelto, acaba deformando el aspecto resultante del “ser preconcebido”. Nuestra civilización actual tan proclive a lo inmediato, busca denodadamente continuas fórmulas para recortar el tiempo en la consecución de las cosas.

La finalidad de esta dinámica es procurar que el hombre pueda hacer otra cosa cuanto antes y una vez finalizada ésta, proseguir sin tregua con la próxima. Es la economía del tiempo. Hace unos días, un amigo ejecutivo en una empresa privada comentaba: he cumplido sesenta años y tengo la sensación de no haber comenzado. No he tenido tiempo. Paso todo el día trabajando, decidiendo, ordenando, resolviendo, ultimando, pero no he comenzado nada.


JCCM – Transporte Diciembre 2019

Este es el tipo de persona que la sociedad positivista y pragmática quiere; un mero finalizador de tareas, cada vez de más tareas, un gran sprinter en todas las carreras sin importar la distancia recorrida. Un especialista del “ahora mismo” que para dentro de dos horas ya es tarde. Es ese tiempo que nos falta para ese tiempo que al final, nos sobra. Es un tiempo al que oprimimos, un tiempo al que ignoramos, un tiempo que parece no importarnos.

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EUROCAJA RURAL PIE

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