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La característica esencial del juego patológico es un comportamiento de juego, desadaptativo, persistente y recurrente, que altera la continuidad de la vida personal, familiar o profesional.


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El individuo puede estar preocupado por el juego (p. ej., reviviendo experiencias pasadas de juego, planificando la próxima aventura de juego o pensando en la forma de conseguir dinero para seguir jugando). Muchos individuos adictos al juego dicen que buscan «acción» (estado de activación, de euforia) más que dinero. Al aumentar sus apuestas o magnificar los riesgos consiguen producir y mantener los niveles de excitación deseados.

Los individuos con el trastorno de juego patológico continúan a menudo jugando a pesar de los repetidos esfuerzos para controlar, disminuir o detener su comportamiento. Se pueden sentir inquietos o irritables cuando intentan parar de jugar. El individuo puede jugar como estrategia para escapar de sus problemas o para liberarse de su disforia (p. ej., sentimientos de desesperanza, culpa, ansiedad, depresión)



Se puede presentar un patrón de «cazar o perseguir» las propias pérdidas, con una necesidad urgente de seguir con el juego (a menudo con grandes apuestas o aceptando riesgos desproporcionados), para contrarrestar una o varias pérdidas. El individuo puede abandonar su estrategia de juego y tratar de recuperar todas las pérdidas de una sola vez. Aunque todos los jugadores pueden jugar durante cortos períodos de tiempo, es el juego a largo plazo lo más característico de los individuos con juego patológico.

La persona puede mentir a los miembros de su familia, terapeutas u otros para ocultar su grado de implicación en el juego. Cuando él o ella se queda sin dinero y sin crédito, pueden aparecer comportamientos antisociales (p. ej., falsificación, fraude, robo o abuso de confianza) para obtener dinero. También el afectado puede haber comprometido o perdido una relación interpersonal importante, un trabajo o una oportunidad educativa o profesional debido al juego. Muchas personas recurren a la estrategia de «lanzarse en paracaídas», pidiendo ayuda a la familia o a otras personas ante su desesperada situación económica a partir de jugar.


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Sin embargo, es importante tener en cuenta que existen dos tipos de jugadores que no tienen por qué desarrollar una adicción. De hecho son diferentes al jugador patológico: 

  • JUGADOR LÚDICO

El juego es una actividad natural al ser humano y por ello modela el crecimiento y contribuye al desarrollo de las habilidades sociales. Por lo tanto el juego es una actividad lúdica, divertida, social y educadora y potencia el crecimiento personal.


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Son personas para las que jugar les permite entretenerse de forma natural, socializarse, relajarse y compartir buenos ratos con familia y amigos. También es una forma de aprender (sobre todo en caso de niños y adolescentes) y el hecho de jugar causa alegría, compañerismo, satisfacción, amistad y entornos familiares agradables.

  • JUGADOR PROFESIONAL

La finalidad es diferente (frente al jugador patológico), éste invierte su esfuerzo de manera profesional, y no experimenta impulsividad o pérdida de control ante el mismo, sino todo lo contrario. Se suelen caracterizar por un alto control ante el juego. Aunque  algunos individuos pueden llegar a presentar problemas asociados al juego (p. ej., intento de recuperación de pérdidas y pérdida de control) no tiene por qué legar a desarrollar una adicción este tipo de profesiones. 



En los jugadores patológicos puede haber una distorsión del pensamiento (p. ej., negación, superstición, confianza excesiva o sentido de poder y control). Algunas personas que sufren este trastorno creen que el dinero es la causa y la solución de todos sus problemas. Suelen ser hombres y mujeres altamente competitivos, enérgicos, inquietos y que tienen facilidad para aburrirse. Pueden estar excesivamente preocupados por la aprobación de los demás y ser generosos hasta la extravagancia.

Cuando no juegan, pueden ser adictos al trabajo o a trabajar «a atracones» cuando se aproxima el vencimiento de algún compromiso. Están predispuestos a presentar enfermedades médicas asociadas al estrés (p. ej., hipertensión, úlcera gastroduodenal, migraña). También se ha observado una mayor frecuencia de otros problemas: del estado de ánimo, déficit de atención con hiperactividad, abuso o dependencia de sustancias y conductas antisociales, narcisistas y límite de la personalidad.


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Existen variaciones culturales en la prevalencia y el tipo de actividades de juego (p. ej. peleas de gallos, carreras de caballos, juegos de mercado). Los pocos datos disponibles sugieren que la prevalencia del juego patológico puede ser del orden del 1-3 % de la población adulta. Aproximadamente un tercio de las personas que sufren este trastorno son mujeres. Estas mujeres frecuentemente están más predispuestas a la depresión y juegan para escapar de su realidad.

Las mujeres están poco representadas en los programas de tratamiento del juego patológico y suponen solamente un 2-4 % de la población de jugadores anónimos. Esto puede deberse a la mayor estigmatización que supone la adicción de la mujer al juego.



 O-PSIgeno Centro de Psicología

Ana Martín

Ana Gómez

Alicia Pérez

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