De Los Arcos a Logroño.

Antonio amanece tan asustado como el primer día, teme que la molestia de la rodilla  se convierta en dolor. Pisan la tumba de César Borgia, bocadillo, vino.  Antonio cruza el Rubicón, digo el Ebro: ya está en La Rioja.



Ruth deja el camino, «Antonio cuando llegues a Santiago, tómate una cerveza a mi salud.»

Tras cantar el «Adiós con el corazón», una cuadrilla de veintitrés se van a tapear a la calle del Laurel. En las fechas que estamos a uno le parece que ahí puede estar la fonda de Butarelli, la del emplazamiento de Tenorio y Mejía.

Antiinflamatorio en pomada y a acostar.

Para el Séneca de La Mancha que parece de acero pero es muy tierno. Mi experiencia del Camino ha sido con seguridad la mejor de las posibles gracias a ti.

 





Dejar respuesta

Por favor, introduce tu comentario
Por favor, introduce tu nombre