Salones Epilogo

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“La soledad hace al hombre un héroe o un villano”. Aristóteles.


Virgen de las Viñas

Ahí está, tenso, con los brazos abiertos, encorvado hacia adelante,  con las piernas arqueadas esperando a que otro le lance el balón; es el momento de la gloria o el fracaso, es la subida al Olimpo o la bajada a las tinieblas…es la transcendencia de un disparo desde el punto de penalti; es el momento cumbre de la soledad que siempre acompaña a los porteros.

No deja de resultar un tanto injusto que un hombre a solas sea en última instancia y al borde de ese simbólico abismo que es la raya de gol, el encargado de evitar que la pelota la traspase. Lo más justo y equitativo sería que esa responsabilidad tan grande estuviera compartida entre tres o cuatro jugadores por lo menos, así, poder repartir los aciertos y los errores.


DipuCR – Sabores del Quijote

Al fin y al cabo es lo que sucede en los demás puestos de ese deporte que es el fútbol y en la mayoría de los puestos de ese juego que es la vida. La soledad se torna responsabilidad en la decisión de un solo hombre tomada sabiendo que si él falla…nadie estará ya detrás para evitarlo.

Es la señal de identidad que define a la soledad, que aparece así, en estado puro, sin mezclas que la aminoren, disimulen o engañen, sin medias tintas, sin esos resultados mediocres y anónimos que siempre ofrecen las “rentas pér capita” de la vida donde los méritos y errores de unos y otros se reparten por igual en un hipotético e injusto tobogán social.


MANCHATEL – Fibra orange proximamente…

La soledad es el estado donde las personas se hacen más nítidas y creíbles; esa situación que nos procura y facilita dar la talla verdadera porque nada ni nadie estorba y por tanto tampoco impide ejercer la libertad. Lo que sucede es que el precio de la soledad suele ser muy alto, sobre todo si esa soledad es producto de la indiferencia de los demás y no de la voluntad de aislamiento para reflexionar sobre lo que vemos desde nuestro interior.

Qué distinta resulta la soledad obligada de aquella que buscamos, aceptamos y asumimos. La soledad impuesta resulta ser como una campana a la que por mucho que se tañe, nadie mira ni acude al sitio de donde procede su sonido, como aquel orador que por bellas palabras que pronuncie nadie entiende, como aquel ilusionista que intentando crear magia provoca con sus ilusiones patéticos bostezos. La soledad buscada, aceptada y asumida es la que procura llenarse de lo que nos rodea, de los sonidos de las campanas, de las bellas poesías de la vida, de las ilusiones que otros sueñan, de los problemas que los más próximos a nosotros padecen, es la soledad que abre nuestro corazón. La soledad que se sufre en un puesto, en un cargo o una situación, la que se produce por una opción o la que se abraza por una vocación. La soledad de un portero, la soledad de un mandatario, la soledad de un incomprendido, la soledad de un marginado, la soledad de un asceta, la soledad de un místico. Es la soledad de uno mismo; es la soledad con uno mismo.

EURO CAJA RURAL PIE

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