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Hace años cuando esto de las relaciones sentimentales entre humanos tenían una sola dirección y no existían estaciones intermedias para poder cambiar de tren, vamos que cuando conocías al o a la que iba a ser tu compañero o compañera de viaje, la idea era que éste fuera de por vida; para ello existía un léxico muy exacto que definía el momento en que se encontraba el trayecto y la relación. Y es que entonces todo estaba claro y controlado.  A los que empezaban a conocerse se decía que ”se gustaban”; si la cosa marchaba e iba en serio se hacían “novios”; cuando se avecinaba  el día de la boda se convertían en “prometidos” y una vez casados ya se les llamaba “matrimonio”.


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Hoy todo es distinto. Las carreteras hoy son más anchas, cuentan con varios carriles en todas direcciones, da gusto circular por ellas aunque como vamos tan deprisa no prestamos atención a los paisajes. Todo es ahora mucho más monótono y polivalente  a la vez y como no podía ser de otra manera el lenguaje se ha simplificado también para definir las relaciones sentimentales.

El genial dibujante y humorista Forges plasmaba hace ya bastantes años en un chiste lo que empezaba a ser ya frecuente. En una reunión social el marido presenta: aquí mi señora; otro asistente hace lo propio con su acompañante; aquí  les presento a “una disposición transitoria”. No sabemos si de ley o no de ley, o sea de papeles o de pago. El chiste hoy debe contarse también desde el mundo femenino para no desvirtuar el hecho.



Paradójicamente, a pesar de encontrarnos con una variedad mayor en las situaciones, el vocabulario se ha hecho más simple. Hoy los términos que prevalecen para todos los estados en las relaciones son el de amigo, compañero y el de pareja. A estos términos hay que reconocerles el mérito de la universalidad, como a esos enchufes que admiten todo tipo de clavijas. Son vocablos que no predicen ni comprometen a nada y que sin embargo valen para todas las circunstancias. Aunque sea una redundancia, porque si están juntos es que son amigos y si son dos, forman una pareja, de hecho o de derecho, porque la pareja siempre ha sido cosa de dos, aunque bien es verdad que en algunos casos sea ya cosa de tres.

Se trata con maneras educadas de advertir a la sociedad que” lo nuestro es nuestro y de nadie más”. Resulta curioso que en un mundo cada vez más socializado y global este tema vaya camino de convertirse en algo meramente privado. Estos auténticos “universales” sirven como digo para situar todo tipo de relaciones, la relación de los que se acaban de conocer, de los que se van a casar, de los que no se van a casar ni por un lado ni por el otro, para los y las que se vuelven a casar, para los que ya no se vuelven a casar, para los que se juntan porque les da la gana y eso no le importa a nadie más, para el hijo que le pregunta al padre o a la madre, para los padres que preguntan a los hijos.

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Parejas o compañeros y amigos, evidente, otras definiciones comprometen más públicamente que las disposiciones más o menos transitorias y que luego a lo mejor no lo son pero que subyacen en sus preámbulos.  Sobre todo cuando, como comentaba una mujer con sentido del humor: hoy muchas parejas, decía ella, empiezan comiéndose la tarta y cuando llegan a los pistachos o a los panchitos… pues eso.

Fermín Gassol Peco

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