Salones Epilogo

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Reconozco que, muchas veces me someto a la reflexión sobre mis propios actos y mis decisiones en esta vida, es un juego íntimo, placentero y muy reconfortante.nieve9

Hoy, tras abrir la puerta del coche, colocarme el cinturón y encender la calefacción, miré al horizonte rojizo y conforme me dirigía a casa; con más precaución de la habitual por la tremenda nevada que estaba cayendo, comencé mi reflexión. Pensé, si toda esta nieve que estaba cayendo del cielo llegara a ser dinero, contuve la respiración por un momento y tras exhalar el humo del cigarro que acababa de encender antes de arrancar el coche, dispuse mi anhelo a la cruda reflexión del momento presente. «Si la nieve fuese dinero».- pensé, todo el mundo estaría en la calle amasándola, recogiéndola y llevándosela a casa para metería en el congelador y mantenerla. Pero, ¿qué pasaría cuando el congelador se llenara y no hubiera más espacio para almacenar la nieve?, seguro que, la ambición nos llevaría a comprar otro congelador y, por supuesto más grande y así hasta que gastáramos toda la nieve almacenada, para darnos cuenta que, justo cuando habíamos adquirido la cámara o arcón frigorífico más grande de todos los fabricados, justo en ese fragmento de tiempo, dirigiéndonos velozmente a la calle, habría dejado de nevar y el cielo despuntaría ya los rayos del sol.



El caso es que, tras esta reflexión tan humana como absurdamente quimérica, en mi presente seguía nevando copiosamente, así lo pude observar tras apartar sutilmente el visillo de la ventana de la cocina, tras haber anteriormente abierto el congelador y observar que no tenía ningún alimento congelado que llevarme a la boca.

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Santiago Apostol

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