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Esta semana queremos profundizar un poco en el terreno emocional, ya que es un tema tan conocido que todos damos por hecho que sabemos de el. Pero hay preguntas que tan sólo los niños se formulan, aunque muchos adultos no sabrían responder de forma concreta a algunas. Por ejemplo, ¿podría describir qué es una emoción?, ¿cómo se expresan las emociones?, ¿para qué sirven?. En este artículo responderemos a algunos de estos interrogantes.


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Las emociones son una serie de reacciones que se desencadenan en nosotros ante la interpretación que hacemos de situaciones que son relevantes (peligro, amenaza, daño, pérdida, éxito…). Estas reacciones suelen tener un marcado acento placentero o desagradable.

La mayoría de las investigaciones reconocen seis emociones básicas: alegría, tristeza, enfado, miedo, sorpresa y asco. La ira y la tristeza son reacciones emocionales básicas que se caracterizan por una experiencia afectiva desagradable o negativa y una alta activación fisiológica. Normalmente notamos que son emociones que tienen más facilidad para “descontrolarse”. Sin embargo, la alegría es una reacción emocional que se caracteriza por una experiencia afectiva agradable y placentera.


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Todos nacemos con el potencial o la preparación biológica necesaria para experimentar emociones básicas. El resto de emociones son aprendidas y, habitualmente, fruto de la combinación de las emociones básicas. Se aprenden por experiencia directa y/o por observación de un modelo o de un suceso concreto.

Las emociones no son ni buenas ni malas. Todas sirven para algo ya que nos ayudan a responder de manera adecuada a distintas situaciones, pero algunas son más deseables que otras. Parece fácil identificar para qué sirven las emociones “positivas”, pero ¿de qué nos sirven las que son más desagradables?


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El miedo es una alarma interna que se despierta cuando se interpreta que existe una amenaza. Nos lleva a protegernos y a buscar nuevas soluciones.

La tristeza nos permite expresar el dolor que uno vive por dentro y a pedir ayuda o apoyo emocional a otras personas.


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La ira nos impulsa a defendernos, poner límites, marcar territorio y expresar lo que uno quiere y necesita.

Todos tenemos derecho a sentirnos tristes o enfadados ante determinadas situaciones y no por ello debemos ser juzgados. Sin embargo, hay ocasiones en las cuales nuestras emociones nos dominan e incluso nos desbordan. En estos casos la expresión emocional puede ser descontrolada y/o excesiva y puede que tenga consecuencias perjudiciales tanto a nivel personal como en las relaciones con otras personas. Por ello es importante aprender a interpretar nuestras emociones, aprendiendo también a expresarlas y a regularlas.


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Comenzaremos distinguiendo entre una emoción “normal” y una emoción “perjudicial”:

  • Emoción normal: Es adaptativa y útil para resolver problemas de la vida, es controlable y lógica. Aunque pueda ser incómoda no implica sufrimiento grave. Nos mantiene alerta y permite centrarnos en el problema.
  • Emoción perjudicial: No sirve para adaptarse y por el contrario dificulta el rendimiento y la adaptación. Nos sobrepasa y nos dificulta la solución de problemas.

Por lo tanto, lo que diferencia una emoción controlada y una descontrolada es la intensidad, la frecuencia y/o la duración de los síntomas. Como hemos comentado anteriormente, las emociones no son buenas o malas, ya que nos preparan para responder de manera adecuada ante determinado tipo de situaciones. Por ejemplo, si una persona ve cómo se acerca un hombre con aspecto amenazante, lo normal es que sintamos miedo. Ese miedo nos va a ayudar a reaccionar de manera adecuada a la situación haciendo que luchemos o emprendamos la huída. Sin embargo, en ocasiones surgen falsas alarmas con las que también saltan las respuestas de ansiedad. Por ejemplo, en el caso de las fobias.


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Existen tres tipos de respuesta diferentes que se ponen en marcha cuando tenemos una emoción:

  • Respuesta fisiológica: Es la activación física de nuestro organismo (ritmo y frecuencia de la respiración, tensión muscular, palpitaciones, sudores…)
  • Respuesta cognitiva: Son los pensamientos, atribuciones, creencias, etc. que experimentamos.
  • Respuesta motora: Son las acciones concretas que realizamos para manejar esta emoción.


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Todas las personas experimentamos las emociones en este triple sistema de respuesta. Tenemos que tener en cuenta que cuando queremos reprimir una emoción y bloqueamos un sistema de respuesta, los otros dos se verán descompensados.

Pongamos un ejemplo, una persona con miedo a hablar en público tiene que dar una conferencia. Su emoción principal sería sentir vergüenza y comenzaría a notar sudoración y palpitaciones (respuesta fisiológica), pensaría: “seguro que se van a dar cuenta”, “se van a reír de mi” (respuesta cognitiva), y comenzaría a moverse de un lado a otro (respuesta motora). Si esta persona hace esfuerzos para no pensar (bloquea la respuesta cognitiva), se disparará su respuesta fisiológica y motora. Es decir, lo más probable es que esta persona comience a tartamudear, a mover las manos, se ruborice, tenga más sudoración y aumente su respiración, pudiendo llegar a hiperventilar.

Para aprender a regular las emociones existen diversas técnicas como el control de pensamientos mediante el esquema ABC, la técnica del semáforo, la llave de enfriamiento, etc.

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