Salones Epilogo

florentino del valle

Comprenderá que me vea obligado a comunicar con usted por este medio, a la luz de que las circunstancias impiden otro que pudiera ser más cercano (y, a buen seguro, apropiado).


MANCHATEL – Fibra orange proximamente…

El motivo de esta misiva no es otro que el de agradecerle la labor que usted realizó, allá por el año 1947, con la publicación de su libro sobre el paisano Ismael Molinero Novillo (más conocido como Ismael de Tomelloso) y que, bajo el título, “Ismael de Tomelloso: la lección de su silencio”, viene a ensalzar, durante su menos de centenar de páginas, la actuación de este joven, además de ejecutar una semblanza sencilla y objetiva del existir del tomellosero.

Bien conocerá usted que, desde hace unos años, un grupo de tomelloseros, especialmente dirigidos y coordinados por Blas Camacho Zancada y el Padre Valentín Arteaga (el postulador de la causa), vienen trabajando para que el Vaticano reconozca la santidad de Ismael, apoyándose, entre otros documentos, en el testimonio legado en su obra y en la D. Alberto Martín de Bernardo, quien también glosó los avatares y maravillas del comportamiento del malogrado Ismael en su compendio “El miliciano que murió como un santo”.


DipuCR – Sabores del Quijote

No fueron los únicos que se dedicaron a poner negro sobre blanco las vicisitudes de un hombre del tamaño y valía (según narran) de Ismael, puesto que también Clemente Sánchez Sánchez y Manuel Liñán han dedicado su prosa a la evocación de los fecundos ejemplos que, durante su vida, dejó el conocido como “siervo de Dios”.

Incluso, y de un modo más reciente, el propio Blas Camacho y el que fuera Obispo de la Diócesis de Ciudad Real, D. Antonio Algora, han venido a colaborar en la causa de la santidad de Ismael, mediante el estudio y justificación de las razones que habrían de propiciar las mismas (bien conocemos los humanos que en tales decisiones se ha de encomendar uno al más recto conducto divino).


Dipu CR – Aniversario Edificio

Como ya le decía, querido Padre, convine (en algún arrebato) recuperar su labor porque resulta curioso apreciar cómo usted, junto a tantos otros, han querido destacar las virtudes del silencio de Ismael (que pudiendo haber sido liberado de su cautiverio en Santa Eulalia del Campo, en la batalla de Alfambra, por su condición de miembro de Acción Católica, decidió ofrecer su sufrimiento a Dios y a la paz entre los hombres, no rompiendo su quietud hasta visionar la muerte y solicitar los sacramentos de la confesión y la comunión). Virtudes que, a día de hoy, parecen tan poco seguidas en nuestra acelerada y sobreexpuesta sociedad.

Silencio (para reflexionar y ayudar) que hoy, de un modo u otro, no sería descabellado volver a pedir en ese Tomelloso que usted definió como “población muy extensa; tendida en la llanura y expuesta al sol duro del verano y a la pungente helada del invierno, recortada en un cielo siempre azulado, con calles muy iguales y muy largas, de casas alineadas en filas interminables, desde las cuales cada tomellosero puede contemplar en el atardecer de cada día y en el confín del horizonte, adonde la vista se ha lanzado sin encontrar tropiezo en su trayectoria, ese espectáculo siempre nuevo de la muerte del astro rey desprendiendo profusamente el polvo de oro en la tierra y en el cielo como recuerdo que queda del día que perece”.



Gracias, amigo, por fijar su vista en el silencio de un hombre sencillo.

Gracias por focalizar su interés en ese ejemplo (de vida y muerte).


AMFAR  – Fin de Año

Suyo.

El conductor del coche escoba

EURO CAJA RURAL PIE

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