Salones Epilogo

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Querido Ruphert:


Bodegas Verum

Nadie creería que hoy mi voz pueda trasladarse a este papel y venga a recuperar tu insigne figura, ésa que coquetea con desaparecer y dedicarse, en cuerpo y alma, a una de sus dos más grandes pasiones, la peluquería y la santería.

De la primera, en la que los hechos y las razones te han encumbrado como el adalid de la novedad y un auténtico adelantado a tu tiempo, y de la que pareces haber querido apartarte de esa polémica y transgresión que son tus innegables señas de identidad. De la segunda, que, como tú siempre has tenido ocasión de señalar, es trámite y cuestión que, deseado o no, no se elige.



Pocos recordarán ahora que, como todo artista que se precie, tus comienzos en España, un país, en aquel entonces, todavía poco abierto para tu ingenio, fueron poco halagüeños cuando, al intentar consolidar tu carácter pionero (al crear el concepto de peluquería unisex), se te acusó de que la peluquería de la calle Martínez Campos albergaba una casa de lenocinio y fue precintada (ya tu primera iniciativa individual, radicada en la popular Gran Vía, no había acabado precisamente en loor de multitudes). No deja de resultar curioso que, años después, cuando la Movida transitaba con celeridad toda la piel de toro, las mujeres de los ministros de la época fueran las más asiduas en tu salón de peluquería en la que, revolucionariamente, habían desaparecido las cortinas y ofrecían las clientes al exterior (y es que el poder, y sus esferas, suelen gravitar sin acomodo a las leyes físicas conocidas).

Sin embargo, tu fama te precedía, y en Argentina glosaban el prodigio que de tus manos y de tu mente brotaba en un mundo que no conocía de obstáculos. Y a la estela de tu duende se rindieron mujeres de bandera como María Callas, Lola Flores, Carmen Sevilla, Grace y Jacquelline Kennedy, Marisol, Ana Belén, Nelly Raymond, la Duquesa de Alba, Massiel, Nuria Espert, Mónica Naranjo (que disfrutó del pelo bicolor que habías creado, en esencia, para la gran Madonna) o Paca Gabaldón, y pronunciar tu nombre era como un ensalmo que destellaba estilo y sofisticación, al amparo de creaciones como el “pelo frito” o los “moños imposibles”.


DipuCR – Sabores del Quijote

Y, por ello, ahora que ya han pasado varias décadas desde que Victoria Abril, en aquel anuncio televisivo, desesperada, vociferara que te necesitaba, considero que, aunque guardes celoso tu sitio en tu pequeño reducto, recluido en tu sala de inspiración como los grandes artistas, es hora de volver a traer a colación tu enorme influencia y capacidad, que se evidencia en carácter mágico que envuelve tu comportamiento y tu actuación profesional.

Ahora, en el privilegiado mirador que asoma en la calle Velázquez, cuando caminas hacia tu cuarta década de trayectoria profesional, continúas tendiendo tus manos a todo aquél que se decide a traspasar esa puerta del arte que es tu salón de belleza y, con una sonrisa y una empatía propia del más inspirado de los hombres, has decidido reparar más en la espiritualidad, como el libérrimo que siempre fuiste (ése que no encuentra un lugar adecuado en París para instalar su museo; ése que, a buen seguro, guardará con cierta pena que su pueblo, Tomelloso, no le haya dedicado una mención institucional más relevante que la de Viñador).



Y sí, soy una cliente más de las tuyas, la que tú señalaste como preferida, una de ésas a las que los focos, la prensa y el cariño del público concedieron gran relevancia y que, ahora, descansa en la tranquilidad de la espera de un mundo más justo, deseando que el sol me alumbre para volver a cantar.

Tuya, Rocío (la Jurado)

EURO CAJA RURAL PIE

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