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Foto: abc.es

Mi apreciado Martín

Usted igual, no me conoce. Y, por ello, creo debido que, en esta introducción de la carta que le remito, me conceda apenas unas líneas de (mínima) presentación.


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No viene a cuento mi nombre, pues nadie me conoció por él, pero sepa que el pueblo entero me llamaba Carrañaca. Tenía por costumbre (y oficio, si es que hay diferencia) hacerme acompañar de una guitarra y, cuando el azar sonreía, de los aromas de una pipa de fumar, mientras declamaba los romances populares a aquél quisiera hacer oído a mis cantares, rectos según si la balanza de la suerte concedía en agraciarme (que ya estar vivo es beneficio suficiente como para agradecer a Dios, o a quien uno entienda, la posibilidad de disfrutar de esos pequeños tesoros que se alzan en un amanecer o en la puesta del sol en los caminos).

Me han relatado que existe algún posado antiguo mío, desgranando notas a mi compañera de las seis cuerdas, tocado por un ajado sombrero y arrancando los sabores de una cargada pipa de la época. Pudiera ser, aunque no fui hombre habituado a permitir el reflejo de mis contornos y creo que la integridad de un hombre se cohonesta con la total ausencia de crédito a los pábulos ajenos (si desea que su tranquilidad no se vea perturbada).



El motivo de mi carta, amigo Martín, no es otro que el de recuperar una figura, la del hombre popular, que conforma la geografía de los pueblos hasta el punto de hacerse una con ellos.

De este modo, la imagen de esos hombres y mujeres que salpican el imaginario colectivo popular, aquéllos a los que todos conocen (gran parte de las veces por un apelativo y no por su nombre de pila) pero de los que muy pocos sabrían estructurar sus virtudes (que son muchas), esa imagen, es la que se resguarda en la memoria de una ciudad (atravesando, caprichosamente, sus diferentes generaciones).


DipuCR – Sabores del Quijote

Pocos son, sin embargo, los que consideran necesario dejar para la posteridad figuras como las nuestras, Martín. Pero me consta, que hace alguna década, un aficionado pintor (que firmaba sus obras con V. Olmedo) quiso retratarle a usted, al óleo, con su característica efigie y adornado por las tiras de cupones que, cada día, pone a la venta para acrecentar las ilusiones de sus clientes (que, por su cercanía y cordialidad, se han convertido en amigos).

Que sea muy largo lo que queda, compañero.


DipuCR – Sabores del Quijote

Carrañaca.

EURO CAJA RURAL PIE

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