Salones Epilogo

pah juzgados tomelloso

Mis queridos amigos:


Bodegas Verum

El tiempo advierte que nuestro país desaprovechó una oportunidad (vayamos a saber si única o no) para, con el viento a favor de una economía en expansión, desarrollarse y vertebrarse de un modo más justo y diversificado.

La (nada imprevisible) ruptura de la burbuja inmobiliaria trajo consigo, además de un proceso de crisis económica de muy larga duración, un cúmulo de desgracias que, como suele ser habitual, azotó a las capas menos favorecidas de la sociedad.


AYTO – Tomelandia 2018

No vale la metáfora (porque habiendo vidas en juego no sirve el preciosismo del lenguaje), pero lo que se antojaban perpetuos rayos de sol fueron (indiscriminadamente) violados por la más oscura, pertinaz e indisoluble tormenta.

Con la crisis, en una España que vivía del crédito, las facilidades se acabaron y el manantial de liquidez que las entidades bancarias previamente suministraban se escondió, de súbito, como aquel famoso río que aparece y desaparece.


AhíMas Comunitelia

En ese entorno negativo, y sobre todo debido a su sostenimiento durante prácticamente una década (a pesar de los recelos de los políticos, al principio, de reconocer su existencia), el problema social más acuciante fue el de las ejecuciones hipotecarias.

El asunto, aunque complejo, puede resumirse del siguiente modo. Con un precio de los inmuebles elevado por el (libre)mercado, el súbdito del Reino se veía obligado a recurrir a la financiación de un tercero (los Bancos) para conseguir acceso a los mismos (el hogar, el sueño de todo individuo).


MANCHATEL – FIBRA ORGANGE INLINE

La hipoteca se firmaba, en multitud de ocasiones, por valores que superaban el de las viviendas ya que, o bien se realizaban inadecuadas tasaciones o, en su caso, se incluía en el “lote” económico otras cantidades para menesteres más prosaicos (vehículos, arreglos domésticos y similares). No obviemos que eran contratos de adhesión, donde el particular no podía discutir las condiciones y en los que, con frecuencia, uno venía obligado a suscribir compromisos aparejados no siempre claros (intereses) ni necesarios (los más variopintos seguros).

Eran días de vino y rosas. El Sol calentaba nuestros cuerpos y nada hacía presagiar el avance de la tormenta (en unos parajes dominados por las grúas y los esqueletos de monolíticas construcciones). Especular era un verbo conjugado y admirado por todos. Se jugaba en el mercado inmobiliario como el que acude al mercado de valores.


AhíMas Comunitelia

Todo se resquebrajó en agosto de 2007, aunque se hizo palpable (por visibilidad y crudeza) con la quiebra del afamado banco de inversión Lehman Brothers, el gigante estadounidense. Era un hito sin precedentes (ni el Crack del 29). El runrún habitual se enmudeció de repente.

España no fue ajena y una buena parte de las empresas constructoras se vieron abocadas a la suspensión de pagos debido a la recesión del mercado. Con ellas, arrastraron a un importante número de entidades crediticias (en especial las Cajas de Ahorro), que, en sus balances, habían integrado unos volúmenes de deuda vinculada a los créditos inmobiliarios que mareaban.


AhíMas Comunitelia

Nada de lo anterior fue ajeno a la calamidad social, a la del hombre y mujer de la calle. La depresión económica impactó en la sociedad como suele hacerlo, vía reducción del gasto público, lo que repercutió, directamente, en el decremento de las atenciones, prestaciones y subsidios.

Las economías familiares redujeron su poder adquisitivo, se destruyeron infinidad de puestos de trabajo, se consumieran las prestaciones públicas, se dibujó un panorama en el que un cúmulo de colectivos no podía asegurar la cobertura de las necesidades más básicas.



En éstas, y atendiendo a los contratos firmados, muchas entidades bancarias decidieron ejecutar las cláusulas que permitían el lanzamiento (la ejecución) de los inquilinos cuando éstos no atendían a los pagos de las mismas. La premisa (liberal) era evidente. Como dice la canción, si alguien no podía pagar su casa es que algo habría hecho mal (desoyendo la más que evidente concurrencia, al menos, de culpas). La contraparte, la que había redactado la literatura contractual, no podía perder.

La herida no se paraba ahí. Gran parte de los afectados, además de ver cómo se les sacaba de su casa y se les dejaba en la más inhóspita intemperie, mantenían una deuda económica con el Banco (no se adivinaban muchas salidas, algunos decidieron optar por la dramática vía del suicidio).

Los políticos utilizaron su paralenguaje (con ampulosos términos), para declarar que solucionarían el problema (inyectando descomunales ayudas [de dinero público] a las entidades bancarias) mientras que el sistema se enrocaba en lo previsto en los documentos firmados.

Mientras, los desahucios copaban la cotidianeidad y miles de españoles se veían en la más absoluta miseria de la vida en la calle.

Nadie lo creyó posible pero un grupo de hombres y mujeres, unidos por un ideal, se lanzaron a la calle (y a los medios), para intentar parar los lanzamientos, peleando por evitar que la automaticidad en la aplicación de la legalidad de un sistema pudiera desencadenar tal nivel de envilecimiento y dolor.

Se hicieron llamar PAH, Plataforma de Afectados por la Hipoteca y los poderosos, en sus atalayas, sonrieron ante lo quijotesco de su empresa. Algunos criticaron sus medios y métodos (no siempre acompasados con el civismo; cabe preguntarse si despojar a una familia de su vivienda y situarla en la calle comulga de esa cualidad), otros les denigraron con expresiones insultantes…

Detuvieron algunos desalojos y se organizaron de tal modo que pudieron cubrir las lagunas del sistema que acuciaban (también) a lo público. Acudieron a los principios de justicia material y obtuvieron una victoria sin parangón cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (en su Sentencia de 14 de marzo de 2013, asunto C-415/11), declaró que el procedimiento de ejecución hipotecaria español era contrario a la Directiva 93/13/CEE, por desatender la protección a los consumidores.

No sería la única. Los Tribunales estudiaron los contratos y estimaron que su contenido, en múltiples ocasiones, era abusivo. Las cláusulas “suelo” devenían ilegales. Se abría un camino para la esperanza.

Ustedes se vienen enfrentando a una realidad que, según los últimos datos, informa de más de seiscientos mil desahucios en el periodo 2007-2015. Algunas historias contaron con final feliz (se estiman en un número de más de 2.500 las personas realojadas), otras siguen en la brecha, gracias a su apoyo y constancia.

A día de hoy, su labor se ha dejado notar en Tomelloso. Fruto de su compromiso y de su trabajo, se ha podido negociar con las Administraciones Públicas y las entidades bancarias, se han condonado y reestructurado deudas, se ha aceptado la figura de la dación en pago (que es común en Estados Unidos y en países de la Unión Europea), se han suspendido lanzamientos y subastas y se han conseguido alquileres sociales.

Son actividades que solo se comprenden cuando se advierten los ojos y caras que se encuentran detrás de cada expediente, la sensibilidad de las familias que saben que su devenir depende de la actuación de una Plataforma como la que ustedes promueven.

Es mucho aún el camino que queda por recorrer. Quizá no podamos regresar a ese idílico paisaje de antes de la crisis en el que, embebidos por la vida comprada (y consumida) a crédito, nuestra sociedad se abocó al precipicio. No todos pagaron el mismo peaje.

Conviene pensar que nuestras normas jurídicas están para proteger al débil y, al menos, para garantizar un entorno habitable de paz y concordia social.

No sé ustedes, pero jamás tuve la oportunidad de estrechar la mano del Mercado, ni de sentir su aliento. Por el contrario, sí entendí los razonamientos y miedos de las personas que iban a ser presa de un desalojo (parece claro cuál ha de ser nuestro lugar).

Gracias por aportar, con su labor, una vía de luz en el medio de esos espesos nubarrones.

(Mucha) suerte y (toda la) fuerza y, perdón, por la extensión de mi misiva.

El Conductor del Coche Escoba

EURO CAJA RURAL PIE

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