Salones Epilogo

kiko

Mi muy querido amigo:


Vinicola Inline

Uno acostumbra a acudir a esta suerte de correspondencia con un ánimo bien reivindicativo o, en su caso, calmado (para ensalzar virtudes) pero, rara vez, con un espíritu de desasosiego y tristeza como el que hoy acampa en mi interior.

Esa zozobra es la que hoy me anima a tomar este papel y lápiz figurados que se convierten en la pantalla del ordenador y la velocidad de los dedos acariciando el teclado de la computadora (sabedor, no obstante, de que mis palabras poco a nada servirán para apaciguar esa sensación).


Selfietour – oferta Balneario Jerte

Era usted, D. Francisco, el mayor (en edad) de una nutrida estirpe de amantes de la fotografía (prácticamente todos fieles y ejemplares sucesores de la magistral labor ejercida por su padre, el inolvidable Kiko) y, por encima de eso, de buenos tomelloseros, con esa capacidad para inocularse en la particularidad de nuestra ciudad (aunque su progenitor llegase desde La Solana).

En su taller, siempre profesional y en todo momento provisto de los mejores útiles para el arte de la fotografía, uno encontraba, además de la solución de sus necesidades, la voz de un hombre cercano y comprensivo, atrayente por su capacidad de entender, más allá de las palabras, los deseos (es curiosa, como usted bien sabe, la compleja [y poliédrica] relación del ser humano con la representación de su rostro [habitualmente, cercana a la vergüenza o el sonrojo]).


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Se nos ha marchado, amigo Kiko, y sepa que le vamos a extrañar desde la soledad que su ausencia nos causa y, sobre todo, desde ese paradójico (pero inevitable) lugar en el que nos colocan nuestros pensamientos cuando alguien al que apreciamos se despide de este peregrinaje terrenal.

Llegarán las palabras que pretendan aminorar el dolor de la pérdida (en una conducta humana que quiere hacernos ver que la muerte [sus ramificaciones] ha[n] de ser objeto de consuelo), pero las mismas solo servirán para ensalzar la figura (y su especialidad) de un hombre como usted, irrepetible por su propia forma de entender la vida.



Querido Francisco, nos ha legado un fértil recuerdo retratado en estampas e instantáneas (privadas y más públicas) que podremos disfrutar para ahogar esa congoja que las duras (e incomprensible) decisiones de la Parca arrastran a su paso.

Es un triste consuelo, pero es el que nos resta, además de la nostalgia de los momentos vividos y compartidos.


AMFAR  – Fin de Año

Que (le) vaya bien por allí…

Suyo.



El conductor del coche escoba

EURO CAJA RURAL PIE

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