Salones Epilogo

Querido Carlos:

Usted, quizá, no me conozca. Y, sin embargo, he soñado durante muchos y muchos años con el roce de su piel, con el tacto de sus manos sosteniéndome e izándome, haciéndome sentir cómo el viento aleteaba en mi más espléndida integridad.


Virgen de las Viñas

Y no le he de negar que, como en casi todos los amores platónicos, mis sentimientos (y pulsiones) han pasado por un auténtico carrusel de emociones… desde la locura más apasionada y arrebatada, hasta el mayor de los desapegos cuando veía como, una y otra vez, usted se negaba a acudir a mi llamada (una voz coral que reclamaba su presencia como fuente de mi equilibrio).

Porque, aunque usted, o su (des)memoria, pretendan obviarlo, yo ya me vestí, en varias ocasiones, para obtener su aprobación y calidez. Por ejemplo, en aquella mañana desapacible de febrero de 2000 en la que le aguardé con la ilusión de un niño en la Noche de Reyes, y, ante su renuncia, otra vez en una festiva jornada de diciembre de 2002, pero todos mis mejores esfuerzos siempre resultaban insuficientes…



Y, cuando todo hacía presagiar que lo más adecuado era escapar, mi empeño no cejaba y, engalanada, acudía otra vez en su búsqueda, como en aquella jornada de abrigos, la del 3 de diciembre de 2006, en la que esperé su personación y, cuando, dolida, asumí su ausencia, me arrugué, sobre mí misma, envuelta en un mar de desesperación e incomprensión, pero firme en mi propósito de conquistarle.

No dudo que la sinceridad y el carácter directo de mis palabras hayan podido turbar su presencia de ánimo. No se preocupe, siempre he admirado la presencia de aquellos hombres que están llamados a guiar los designios de sus pueblos, y usted es uno de ellos, con un respaldo ganado, democráticamente, durante un periodo de tiempo suficiente como para dar por sentada su valía y, en idéntico sentido, para reclamarle una altura de miras ajustada a su cargo.



Le dije que, a buen seguro, no me conociera y creo que ya ha llegado el momento de desvelar mi identidad.

Soy la pancarta que reclama la llegada del tren por Tomelloso… y continúo esperando, ansiosa, que usted me enarbole y, sin reparos, me saque a la luz, sosteniéndome con fuerza, haciéndome suya, engrandeciéndome y, de paso, incrementando, usted, su prestigio, como altavoz de la más justa reivindicación de un pueblo que espera de sus gobernantes una actuación comprometida.


Dipu CR – Aniversario Edificio

Afectuosamente suya… le sigo (como todo su pueblo) esperando.

EURO CAJA RURAL PIE

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