Salones Epilogo

miguel angel ramirez

Mi querido amigo:


Vinicola Inline

Sabe usted de sobra que, en estos curiosos tiempos que corren, habrá un núcleo relevante de gente que considere inapropiado dirigir una misiva a un hombre como usted, banderillero y, por lo tanto, exponente del arte de Cúchares.

Resulta paradójico que, aquellos que predican y propugnan la mayor expresión de las libertades sean tan pródigos a la hora de desear la prohibición de nuestra bienamada Fiesta Nacional (cuya esencia no comprendieron y jamás entenderán [sin dedicar el más mínimo esfuerzo a tal particular]).


DIPUCR – Tu mejor compra

Sea como fuere, esta página (con las debilidades humanas evidentes) guarda una especial simpatía para con los hombres valientes y con los artistas y, en usted, mi apreciado Miguel Ángel, se escenifican ambas cualidades en grados que revelan su altura y su especialidad.

De su impronta han disfrutado la mayor parte de las aficiones nacionales e internacionales de la tauromaquia y en Las Ventas, ese reducto de sabiduría taurina (que ejerce una labor fundamental en cuanto a salvaguarda de los valores y la pureza de la Fiesta), han sabido valorar su arrojo, gallardía y valentía con los palos (que no es moco de pavo eso de asomarse al balcón, desafiando la asesina embestida de un bruto que presenta bravura, casta y fiereza adornadas por pesos que superan los quinientos kilos).


Selfietour – 50 sombras

Le confesaré un secreto. Despachando con algunos amigos, defendí (no con demasiado éxito) que conversar con un torero (lato sensu) era muy parecido a hacerlo con un poeta y que el discurso del taurómaco se veía confeccionado con un código muy cercano al del simbolismo y la metáfora que abrillantan los versos. Ellos reprendían mi temeridad en la comparación y yo les rectifiqué la imagen, aseverando que no existía similitud, sino identidad (a fe que quien esto escribe postula, con la mejor de las capacidades que el cielo le ha concedido, que el diestro es un vate que, sobre el albero, compone con un lirismo tal, que desprecia el cercano susurro de la muerte).

Le deseo la mejor de las suertes en su oficio y en su vida. Continúe engrandeciendo la profesión de peón y ensalzando, con su garbo y elegancia en el dominio de los rehiletes, la cultura convertida en el estético trazo de un magnífico par de banderillas o en la cuidada y pulcra brega de un burel.



Mi admiración y respeto, maestro. Y que le acompañen la suerte y la inspiración y se pongan de su lado.

 


AhíMas Comunitelia

Suyo.

El conductor del coche escoba


Hidymec

EURO CAJA RURAL PIE

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