(Una semana de fiesta, de la pólvora a la traca)

La última semana de agosto, hasta mediado el siglo XX la segunda de septiembre, por tradición y anualmente, Tomelloso celebra sus Ferias y Fiestas a las que concurre cantidad de visitantes de la comarca y de fuera de ella.  Pues igual hombres que mujeres, jóvenes y mayores, pobres y ricos, todos suelen dar «rienda suelta» esos días a sus caprichos y aficiones, en un ambiente parrandero donde las limitaciones son solo las justas.

Una semana entera de descanso y ocio da para mucha juerga, excepto para los feriantes que tienen que trabajar todo el tiempo para rentabilizar sus pequeños y sofisticados negocios.  Había incluso algunos que se adelantaban por complacer a los impacientes y al mismo tiempo ir haciendo caja.  Por ejemplo, la venta callejera; ¡ Berenjenas de Almagro ! – ofertaba «El Gallo» orza en ristre -. Otros decían: ¡  Garbanzos y Camarones !.  Eran muchos mas los que, con la venta ambulante y callejera, barruntaban que que la Feria la teníamos encima.

Los que también se anticipaban a la inauguración, la noche de la pólvora, eran los asiduos y conocidos «turroneros» de Gijona, que instalaban sus puestos de venta en el último tramo de la calle don Víctor (se conocía mejor por calle la feria) frente a la plaza de toros y en el lado opuesto al paseo de «Las Moreras».  Estos feriantes portaban bloques de turró del «duro» con almendra de cacahuet (La de «almendruco» siempre ha ido mucho mas cara y los tiempos no daban para tanto) que hábilmente troceado lo daban al precio según era el tamaño del trozo.  Aún recuerdo con qué gracia ofertaban tan dulce elaboración al grito de; ¡ a peseta el cacho !.  Y nadie reparaba en si era caro o barato.

Claro, les hablo de unas «ferias y fiestas» que muy poco o nada tendrán que ver con las que se celebran ahora)

En la feria de mis tiempos, cuando joven, allá por la década de los cuarenta del pasado siglo, además del éxito que tenían las «casetas» con todo tipo de juguetes, los tiovivos, la tómbola, los carruseles, etc. Uno de los sectores más visitados, especialmente por las mañanas,  era «La Cuerda», instalada en el anchurón llamado Los Terreros.  Pues era éste un espacio que atraía el interés de la «gente parda» ya que en él se podían adquirir diversos aperos de labranza, desde carros nuevos y usados, trillas de pedernales, «vertederas gordas», armas de «garabato», «palos de allegar», has el apero más insignificante.  Aunque el centro o fuerte de aquél gran mercado, sin duda, era la compra-venta de caballerías en particular las mulas (hembras y machos) cerriles la mayoría, ya que ninguna pasaba de los tres años de edad.  Pues se acercaba la vendimia y había que acarrear las uvas y era una buena ocasión para domarlas y renovar las cuadras.

En La Cuerda, apegados a la pared de los cercados de  alrededor,  se construían una especia de chamizos con tablones, lona y zarzos, donde se celebraban los «alboroques» tomando unos tacos de jamón ibérico, longaniza de los «Trasmontanas» o los «Paulones» y queso de los Catalinos o los Espinosas.  También se servían berenjenas de Almagro rellenas con pisto, o aceitunas aliñadas.  todo ello «remojado» con buenos vasos de zurra fresca del lebrillo, que era la mejor manera de dar los tratos por cerrados.  Y como participaban gitanos en casi todas las operaciones, si el ambiente lo propiciaba, la reunión se convertía en una fiesta flamenca en toda regla.

Otro de los centros de atención los días de Feria eran las Posadas de la Plaza, con aquellas hermosas camadas de lechones recién destetados, que se vendían a particulares para recriarlos, y en su tiempo cebarlos para la matanza del año siguiente que solía ser por San Andrés.



También tenían gran atractivo las corridas de toros, las competiciones deportivas y diversos concursos, organizado todo ello para la ocasión, a los que era os actos de carácter cultural.  Otros de mayor enjundia social incluso cultural como: Obras de Teatro, Conciertos musicales y de canto, o la habitual e imprescindible «Fiesta de las Letras», por no ser actos tan populares, la gente corriente lo entendía como que era algo reservado a la élite culta y leída.

Entre la gente «parda», que era mayoría, se oían voces discordantes denunciando que «por no tener el pueblo suficientes escuelas donde poder educarse mejor, aquellas fiestas se montaban siempre para los mismos».

Pero bueno, a los encantos que ya tenía la Feria de aquellos tiempos, sumado todo lo bueno que ha ido acumulando  con el progreso y la modernidad, estoy convencido de que Tomelloso en Feria, jamás pasará desapercibido.

Es lo que asegura éste humilde mortal, «ausente» tantos años y tan lejos.

¡¡ FELICES FERIAS Y FIESTAS-2013!!



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