La parroquia de la Asunción acogió este sábado el Pregón de Semana Santa de la Junta de Hermandades y Cofradías de Tomelloso. Con el templo lleno, el sacerdote Miguel Ángel Jiménez, pronunció unas emocionantes y sentidas palabras, con el amor, el perdón y la esperanza como centro, que levantaron el aplauso de los presentes. La Coral del Conservatorio de Tomelloso puso el brillante colofón musical, con un soberbio concierto de música sacra.

Comenzó el pregonero saludando y dando las gracias a los presentes y a la Junta de Cofradías, el sacerdote dijo que las doce hermandades de Tomelloso, son “doce pilares sobre los que se sustenta la fe”. Pidió perdón “por no poder nombraros a todos”

Miguel Ángel ha ido “poquito a poco”, como diría un capataz a su cuadrilla, amando a la Semana Santa. Se ha detenido a rezar en cada imagen de Jesucristo, descubriendo “todo el amor de Dios”, mirando a la Virgen María en su dolor y soledad. El pregonero confesó que ha ido descubriendo una forma distinta de mirar, afirmando que “un cristiano tiene que amar la Semana Santa, detenerse en silencio a ver pasar el Amor”. Ese “poquito a poco” le ha hecho reconocer el sentir cofrade, haciéndole predicar que los cristianos “nos tiene que gustar la Semana Santa”. Porque “es como una fotografía de mi madre, que ya sé yo que no es mi madre, pero que si alguien la pisa o la ofende me clava una espada en el corazón”.

Miguel Ángel quiso que los presentes se acercaran un poco más a la Cruz del Señor y quiso llevar al altar “unos sufrientes”, German y Carmen; Iván y María; Felipe y Adoración “que en paz descansen”. A “estos tres matrimonios les dedico este pregón” por estar transidos por el dolor, la enfermedad, la cruz, la muerte. Y a tantos con tantas cruces y sufrimientos.

La Semana Santa es procesión; es música, familia, encuentro, túnicas bien planchadas, esparto, cadenas, cirios y ciriales. La Semana Santa, la santa semana, es silencio, sufrimiento callado, cruz, amor, entrega, contemplación y servicio, vida y sentido; victoria, expuso. Preguntó a María, cómo “tenemos que adornar nuestras vidas” pidiendo que iluminase cualquier momento de tristeza y que ayude al pueblo de Tomelloso a ser constantes en la fe y el amor.

Jiménez comenzó desgranando la Semana Santa, su Semana Santa. Introdujo el Domingo de Ramos recitando las primeras estrofas del himno “Crux Fidelis”,  “¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! /Jamás el bosque dio mejor tributo /en hoja, en flor y en fruto…”. Recuerda ese día, en la papelería “El Cristo”, con sol y la presencia de Jesús en la “Borriquilla”. El primer día del Amor se hace con luz, en el Domingo de Ramos: estamos en camino. Aquí, en este día, debería acabarse la Semana Santa, dijo, “Dios debería ahorrarnos cruces y sufrimientos, ya sufrió Jesús por todos”.



Con “Dolido mi Señor por el fracaso…”, nos llevó al Jueves Santo, donde todo empieza a “parecer de otra manera” y descubrimos un mundo necesitado de conversión, de amor y un hombre necesitado de redención. Recordó que van a hacer cien años del nacimiento de Ismael de Tomelloso  un hombre “de Dios y para Dios”, que dará frutos de amor en nuestro pueblo. Frente al “Obrero”, el pregonero esperaba la procesión. Recordó que le preguntaron que si quería salir de penitente, dijo que no. “Aún no sabía que mi lugar en la procesión estaría en otros sitios”. Ante el Monumento “te miramos a ti Señor”, a ese Jesús que nos dejó un mandamiento nuevo “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

“En plenitud de vida y de sendero, dio el paso hacia la muerte porque él quiso”. Viernes Santo por la mañana, cuando los peregrinos caen y se levantan “todas las veces que la vida pida”. Es Viernes Santo por la mañana, un Viernes Santo lleno de luz, de brillo, de primavera, decía el pregonero. Vida que anuncia una vida más plena. Es la procesión de los niños, un Viernes Santo candoroso. Pero se acerca la hora de nona, advierte, nacer para morir. Este día estamos camino del Calvario, es el momento eterno de los que confían en Dios.

Viernes Santo por la tarde, el Entierro de Cristo. Miguel Ángel habla de perdón “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” y recuerda que Dios es misericordia. “Soy cristiano. Mi nombre es misericordia y mi apellido perdón. Soy cristiano: ternura, gracia, compasión”. El sacerdote rememora que siempre le impresionó esta procesión de “capas y trajes, corbatas. Todo negro”. Y dijo en otro pasaje “nosotros tan puestos. Él tan deshecho».

La madrugada del Viernes Santo sale en Tomelloso la procesión del Silencio, “la del rumor sordo del pecado”. A mayores cadenas, un mayor dolor, un pecado más imperdonable, un arrepentimiento más profundo, un perdón más grande. Pero el pecado no ha sido nunca la última palabra de Dios, precisa Jiménez, “Dios salva, enamora, perdona y comprende”.

Miguel Ángel recuerda el Domingo de Resurrección como “el peso leve” de cargar la guitarra después de la Vigilia. Una noche de alegría pues la tierra dormida se ha abierto y ha dado a luz al Salvador del mundo. Para acabar, pidió al cristiano que prepare su Semana Santa, examinado su conciencia, poniéndola bajo la mirada cariñosa y amorosa de Dios que ama. “Confiésate. Acércate a la Eucaristía, como la primera vez, como cuando eras niño”.



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