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El Hospital de Tomelloso (Ciudad Real), centro dependiente del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, ha reunido a anestesistas, cirujanos y especialistas sanitarios de toda la provincia para estudiar las alternativas a la transfusión de sangre de donante durante la cirugía, en aquellos casos en los que por cuestiones religiosas o éticas el paciente rechaza el uso de sangre o hemoderivados durante el proceso quirúrgico.

Para responder a las solicitudes de estos pacientes sin que exista ningún tipo de riesgo para su salud ni se ponga en cuestión la intervención, se cuenta con distintos métodos como son la hemodilución, la autotransfusión, la recuperación de la sangre intra y postoperatoria y hasta la administración de hierro o eritropoyetina. Fórmulas, cuyo manejo en el proceso quirúrgico se han analizado en el Hospital de Tomelloso, así como la articulación legal vinculada a la autonomía del paciente para aceptar o no un tratamiento.


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Ante un centenar de profesionales y pacientes interesados en conocer estás fórmulas, el gerente del Área de Tomelloso, Antonio Sanz, ha explicado la importancia de incidir en un aspecto intrínseco a ofrecer una “sanidad pública, universal y gratuita como es responder a las necesidades de los pacientes respectando sus convicciones personales, religiosas, etc”.

En este sentido desde la Gerencia de Tomelloso se ha creado un grupo de trabajo en el marco del Plan Dignifica para atender a cuestiones como la diversidad o la transculturalidad de los pacientes, de forma que se humanicen los cuidados de acuerdo a sus convicciones culturales, étnicas o religiosas.


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La atención a los pacientes que rechazan sangre y hemoderivados, como es el caso de los testigos de Jehová, implica desde el primer momento que llega al hospital una atención por parte del profesional de “comunicación y respecto”, explica Rosa Castro, coordinadora regional del Plan Dignifica. Es fundamental que se atiendan sus demandas “explicando todas las alternativas que existen a la transfusión y en caso de conflicto intentar evitar judicializar este tipo de casos”, concluye.

No obstante, desde el punto de vista legal la norma protege la autonomía del paciente, la decisión de aceptar o no un tratamiento queda protegido por ley “sin que existan repercusiones legales para el profesional, aunque éste sí está obligado a utilizar todos los medios alternativos que se conocen”, subraya Castro.



El ejemplo de Puertollano

Durante el encuentro el jefe de servicio de Cirugía del Hospital Santa Bárbara de Puertollano, Eloy Sancho, ha presentado la experiencia del centro de la ciudad minera como lugar de referencia en el uso de alternativas a sangre y hemoderivados de donante. Según Sancho, el uso de una u otra alternativa a la sangre de donante depende de la situación del paciente y las características de la patología que presente. Es fundamental que el especialista conozca todas las opciones que existen para que “utilizando criterios individualizados establezca cuál es la más indicada en cada persona”.


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Según Eloy Sancho, en la mayoría de los hospitales se opta por enviar a estos pacientes para su tratamiento a otros centros de referencia que tengan experiencia en el uso de métodos alternativos a la transfusión de sangre de donante. De esta forma se originan “desplazamientos y gastos inútiles que debemos evitar” sobre en la atención de procesos banales, añade.

El incremento de casos de pacientes que rechazan sangre y hemoderivados en la práctica clínica ha propiciado “una reevaluación del umbral transfusional y un mejor uso de la sangre, así como establecer parámetros legales que resuelvan posibles conflictos”, ha manifestado Sancho.


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Otro aspecto fundamental a tener en cuenta en la práctica clínica, ha subrayado el jefe de Cirugía del Hospital de Puertollano, es que “la sangre es un bien escaso, su procesamiento costoso y en muchas ocasiones podrían usarse otras alternativas a la transfusión con mayor beneficio, menor coste y menos repercusiones médicas”. Por ello es importante la colaboración tanto de especialistas quirúrgicos como de anestesistas y fomentar desde el punto de vista quirúrgico medidas ahorradoras de sangre “apostando por la optimización de tiempos, una cuidadosa hemostasia y el abordaje laparoscópico, siempre que sea posible, así como a nivel anestésico y farmacológico con el mantenimiento de la normotermia, la reposición de la volemia o el uso de fármacos que modifican la hemostasia”.

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