Paseas por la calle de «la feria» y te encuentras, frente a la escultura de «El Obrero de Tomelloso»,  a unos jóvenes, uno vestido con un mono naranja, otro con un mono azul, y otro lleva puesto un chándal de color rosa. Te paras, miras, observas, oyes, vuelves a mirar y, al final, o te das media vuelta y te vas con la duda, o terminas preguntando, más o menos lo que viene a ser un «bacín».

Aquel joven de mono naranja, que bien pudiera parecer un preso de una cárcel americana, se llama Tomás Gutiérrez, @tometomy en su cuenta de Instagram, y es un joven titulado en Bellas Artes, por la Universidad de Valencia. Delgado y con cara de frio, y sin parar de pintar, responde a esa pregunta tan manchega y mañanera (aunque sea ya media tarde):

“¿Cacéis?«

Y sin parar de darle a la brocha, Tomás contesta -imagino que igual que hizo con las decenas de personas que le preguntaron antes que yo-:

“Aquí pintando a estos ‘hermanos’”

El joven toma su pincel de medio metro, como si fuera  una espada, calcula, toma referencias y escucha a las vecinas que pasan por la glorieta:

«¡Uy! qué bonito se ve»

«Arrea, ¿y estos quiénes son?»

Tomás lleva meses preparando su obra. Estas navidades, en algunas conversaciones en el Cafetín, ha ido contando a amigos y conocidos su aventura: la de rescatar una pieza de RTVE llamada «Gente de boina» y llevarla a un mural que le ha cedido de forma gratuita una familia de la localidad. No es su primera vez. El joven lleva tiempo pintando cuadros de los «hermanos» que no son otros que esos abuelos y bisabuelos nuestros, que cada mañana, se acercaban a la plaza de Tomelloso, imitando la narrativa del genial libro de Félix Grande sobre el abuelo Palancas.

Me retiro un poco, como cuando comes gachas y pinchas en la sartén tu trozo de pan en tu «lao», empleando tu navaja de Santa Cruz, y das un paso atrás para que el siguiente haga lo propio. Y sigue llegando gente que pregunta lo mismo.

El abuelo Pedro

Entonces, me pongo a pensar en mis abuelos, Pedro y Eusebio, el segundo tomellosero, y del que recuerdo su blusón y boina descolorida, una boina que era parte del sentimiento patrio manchego. Mi abuelo Pedro, de origen argamasillero, también embellecía su vestimenta con una tradicional boina, con la que después un conocido pintor japonés lo inmortalizaría.

Tomás no está solo, lo acompaña su escudero, otro joven que le sujeta el yelmo en la tranquilidad de anonimato, y que también se llama Tomás. Él, que como Boxer, el caballo de «Rebelión en la Granja» dice que «pinta lo feo», en realidad, colabora, en el más hermoso homenaje a nuestros abuelos, los grandes olvidados en esta guerra frente al Covid-19.

Hay quien piensa que con espada y yelmo, uno puede lanzarse a la batalla de la creación artística, pero hacen falta viandas y materiales y ahí entra Adrián López, editor de @periodicoclm. Y así se compone esta increíble escena, en la que tres jóvenes manchegos rinden homenaje a la «gente de boina».

Adrián López y los Tomases

El documental de RTVE cuenta que llevar una boina no es cualquier cosa, que «las boinas de los manchegos son ceñidas y aplanadas» y que «al boinero de pro cuando le ensucia un pájaro, no se inmuta hasta que llega a su casa y puede ponerse la boina vieja mientas le limpian la nueva». Y sigue con un relato místico, como que «un cura con boina es un labrador inacabado y un labrador con boina es un inicio de cura». Además, el documental describe cómo «durante el verano son muchos los que duermen desnudos sobre la piltra, pero con el paño redondo sobre la cabeza» y nos explica que la boina era una herramienta social: «en los entierros todos los hombres llevan luto, al menos en la cabeza». Y para terminar, una frase que lo resume todo: «algunos gañanes púdicos cuando trabajan en la carretera y se ven obligados a hacer aguas, se tapan el ademán con la gorra negra».

En ese momento llega a la escena un tal Crescencio, que comenta:

«Oye Tomás, este de la imagen es tal, y aquel es fulano de cual»

Otro vecino interviene en la conversación:

«Yo llevaba una arriata de esas»

Y un tercero se ofrece para traer fotos que tiene en su casa. Tomas sigue agarrado a su pincel, cubre de amarillo tomellosero toda la pared, utiliza el verde, le pone negro a boinas y blusones, y sigue en su mundo sin prestarle atención a los mensajes de WhastsApp que llegan cada tres segundos, para avisarle que vienen los de Jaramillo, el periodista de la Televisión Regional.

Después de llevarles la merienda, quedarme absorto observando el mural y departir con algún periodista local, uno decide irse por el camino por el que llegó, no sin antes preguntar aquello de:

«¿Y cuándo acabas, amigo?»

«Pal domingo tarde o el lunes», me responde

«Pues tendré que comprarme una boina para la inauguración», le sugiero

«No sé si habrá de tu talla, manchego».  Bonita forma de llamar a uno cabezón.

Gracias a los abuelos/as…  nos hacéis falta «todicos» los días.

José Alberto Crespo Jareño
Ana Isabel Sánchez Rebollo
Común Denominador

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