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La parroquia de la Asunción acogió este sábado el Pregón de Semana Santa de la Junta de Hermandades y Cofradías de Tomelloso. Con el templo lleno, lo pronunció Bernardo Castillo Gutiérrez, Hermano Mayor de la Hermandad de Jesús de Medinaceli, una sentidas palabras que levantaron el aplauso de los presentes.



Momentos antes de subir al ambón, Bernardo Castillo nos explicó que supone para él un verdadero orgullo, un sueño. Cuando desde pequeño llevas viviéndolo, dijo, y  ahora “seas el representante de esta Semana Santa que tanto lleva uno en el corazón”, es algo maravilloso.

Habló del sentimiento que Bernardo, a lo largo de toda su vida ha ido encauzando y absorbiendo. No proclamó el pregón el Hermano Mayor de Jesús de Medinaceli, habló el cofrade, la persona que siente y que lleva toda la vida amando la Semana Santa de Tomelloso, dirigido, no solo a una sola advocación, a toda la Semana de Pasión.

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Castillo recordó a los pregoneros que le precedieron anunciando la Semana Santa de Tomelloso, para posteriormente agradecer a las personas gracias a las cuales estaba pronunciando el pregón del 2016. Tomelloso, dijo, tiene un concepto propio de la Semana Santa, aún se recuerda como las grandes familias locales trajeron la casi totalidad de las imágenes que desfilan en procesión. Recordó cómo, no hace tanto, los hombres del campo dejaban su trabajo para asistir a la procesión del Viernes de Dolores o la solemnidad de la procesión de Viernes Santo por la tarde o la inigualable Precesión de las Cadenas.

Al iniciar nuestra andadura procesional hay una renovación de nuestros votos, “miles son los penitentes que salen a la calle con la intención de purificar el alma” reviviendo los momentos de la Pasión o simplemente para pedir por alguien. Durante el Triduo Pascual pedimos misericordia, “esa es la palabra: Misericordia”, lo que buscamos todos los días entre nuestros semejantes.

 “El Hijo de Dios vivió su Pasión para que los hombres y mujeres pudieran alcanzar la vida eterna”, por ello, cada año, revivimos estos pasajes para “decirle al Señor que no olvidamos lo que Su Hijo hizo por nosotros”.  Bernardo Castillo repaso los pasajes procesionales de Tomelloso con reflexiones de personas y su sentir hacia ellos. Comenzó con el Domingo de Ramos, día de gozo, una niña le contó al pregonero que “Jesús ha venido en burro a pasar la Semana Santa a Tomelloso”.

Jueves Santo se inicia con la Oración en el Huerto, en su talla, Ángela ve a “un Jesús sin miedo”. Para la imagen de Jesús Cautivo, el pregonero no preguntó a nadie “desde el primer momento le cautivo un Jesús Misericordioso entregado a su destino”. El cortejo lo cierra Nuestra Señora del Mayor Dolor, imagen admirada por Carlos porque en ella “ve a su propia madre”.

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Viernes Santo por la mañana, día de gala, la procesión se inicia con La Coronación de Espinas. Santi acompaña a Jesús agotado, desde pequeño al que pide “salud para cuidar a los míos”. Viernes Santo por la tarde se viste de negro, Bernardo recordó como su padre cerraba el bar al paso del Santo Entierro. La procesión se inicia con el Cristo de la Misericordia, colgado de la cruz, una talla que a Antonio “le hace llorar”. La Piedad, el Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad “que paraliza el corazón”, cierra el cortejo.  En la madrugada del Sábado Santo “los valientes que cargan con la cruz” desfilar durante dos horas con el murmullo de las cadenas arañando la noche  “te encuentras a ti mismo” y para Pablo “lo mejor es que engancha para toda la vida”.

“¡Cristo ha resucitado!”, proclama Bernardo, de nuevo “un Dios Misericordioso ha puesto sus manos sobre nosotros”.  “Hay tanta necesidad de misericordia”, señaló el pregonero citando al Papa, “pues encontrémosla”. Tan solo tenemos que mantener la fe e intentar que “nuestros descendientes crean en la resurrección de la carne, en Jesús Resucitado. Para acabar, Bernardo Castillo deseó una buena Semana Santa para todos.



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