367 fallecidos; 3.934 contagiados; las urgencias colapsadas; los pacientes por los pasillos horas y horas, cuando no días, sin poder ser ingresados; los profesionales de la sanidad sin material de protección; ausencia de respiradores para todos los que los necesitaban; esta era la situación hace hoy un año en Castilla-La Mancha, en lo que se refiere a la lucha que se libraba contra un virus que no daba tregua. Era el 26 de marzo de 2020.

Alentábamos a los profesionales de la sanidad desde los balcones, veíamos impotentes fallecer a familiares, amigos y conocidos. Estábamos confinados en nuestros domicilios. No podíamos ver a nuestros seres queridos. Nuestros mayores estaban solos, asustados, sin respuestas, y aquellos que estaban en las residencias, empezaban a ser golpeados sin piedad por el coronavirus.



Aquel 26 de marzo del año pasado, Castilla-La Mancha ocupaba el segundo lugar en la tasa de letalidad de todo el país. Casi el 10 por ciento de las personas que se infectaban por coronavirus, fallecían. Era una lucha sin cuartel, solo remediada, en parte, por los grandes profesionales de la sanidad que, pese a no contar con los medios suficientes, trabajaron sin descanso exponiendo sus propias vidas y las de los suyos para intentar mitigar los efectos de este coronavirus que azotaba sin descanso.

Todos pudimos ver aquellas imágenes en las que algunos profesionales sanitarios mostraban su impotencia ante la situación. Su desgarrador testimonio se entrecortaba por el resuello de unas lágrimas incontenibles que mostraban a todo el país la desesperación que se vivía en el Complejo Hospitalario Universitario de Albacete.



Aquel 26 de marzo pudimos comprobar también la frialdad, la insensibilidad y el desapego de un presidente autonómico, Emiliano García-Page, que saltaba de tele en tele, para intentar blanquear su nefasta gestión de la pandemia. Negando la evidencia. Afirmando que aquello sólo había sido fruto de un “pico” que se había producido en las urgencias, quitando importancia a la situación y, lo peor de todo, insultando a nuestros profesionales de la sanidad. Y digo bien, insultando, cuando decía textualmente refiriéndose a los sanitarios que habían hecho pública la situación que “mucha gente en las redes sociales en vez de intentar ayudar está, simple y llanamente, confundiendo a la opinión pública”.

Aquel día, como exponía al principio, se acumulaban 3.934 contagios en nuestra región y 367 personas fallecidas, y en lugar de estar preocupado y ocupado por intentar poner al servicio de los profesionales de la sanidad los medios necesarios para salvar vidas de los pacientes, y los medios para que ellos pudieran también estar protegidos, el presidente de la región, Emiliano García-Page, se dedicaba a criticar a los sanitarios por denunciar la situación que estaban viviendo, a faltarles al respeto y a poner en tela de juicio su proceder.



Hoy, un año después, Castilla-La Mancha, es la región con la mayor tasa de mortalidad de toda España, es decir, la Comunidad Autónoma donde más fallecidos ha habido por cada 100.000 habitantes, y seguimos siendo la segunda región con la peor tasa de letalidad, que es el porcentaje de fallecidos con relación al número de contagiados. Hoy la nuestra es de las regiones que menos pruebas diagnósticas hace, la región que menos porcentaje de vacunas administra a la población. Todo un despropósito. Todo un sinsentido. Toda una muestra de la nefasta gestión de Emiliano García-Page.

No podemos, ni queremos, olvidar aquellas manifestaciones del que se supone que tenía que ofrecer los medios adecuados para que nuestros profesionales de la sanidad pudiesen luchar en las mejores condiciones contra el coronavirus en lugar de insultarles, maltratarles y despreciarles en los momentos más duros.



Es un día para volver a recordar, para volver a poner en valor a todos y cada uno de los que lucharon y están luchando todavía por salvar vidas de los pacientes. Un día para homenajear a aquellos que no han tenido ningún reconocimiento por parte del presidente de Castilla-La Mancha. Que sepan que la sociedad entera está en deuda eterna con ellos y que no pasará mucho tiempo para que vean recompensada su especial entrega en el desempeño de sus funciones, más allá de lo humanamente exigible. En su conciencia queda aquel 26 de marzo, Sr. Emiliano García-Page.



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