Las Fuerzas Armadas también han jugado un papel clave en la lucha contra la pandemia del COVID, por eso en nuestra serie EN PRIMERA LINEA hemos entrevistado también a algunos componentes del ejercito para conocer su experiencia y su impresión de los hechos.

Las labores que han ido realizando desde que comenzó esta situación tan anómala han ido cambiando. Aunque, principalmente, se pueden resumir en tres cometidos principales:



Durante la «Operación Balmis», se comenzó la colaboración con las FFCCSE, sobre todo en la cuestión de vigilancia y apoyo a los distintos cuerpos policiales a la hora de hacer cumplir con el confinamiento. Aunque sus atribuciones se fueron «redefiniendo», estuvieron presentes para, al menos, intentar concienciar a la población de la gravedad de dicha situación.

Paralelamente a lo anterior, y también englobada dentro de la «Operación Balmis», se procedió, tras la consiguiente formación técnica, a destacar distintos equipos con el material y medios de que se dispuso, por toda la geografía para desinfección de espacios públicos, residencias, etc. Actualmente, esta labor se realiza de manera puntual. Básicamente, ya no la realizan como el año pasado, que lo hacían día sí y día también.



Posteriormente, y tras el comienzo de lo que se dio en llamar la desescalada, ya con el comienzo del otoño, se les encomendó una nueva misión. Ésta iba a consistir en trabajar junto con las Autoridades Sanitarias en el seguimiento, comunicación y vigilancia de cumplimiento de las medidas de aislamiento y cuarentena de las personas que resultaban positivos por COVID, y de las medidas a tomar también por los contactos estrechos que las relaciones sociales, laborales, etc. de aquéllas pudieran haber originado. Esta operación, puesta en marcha a mediados de octubre de 2020, vino en llamarse «Operación Baluarte». Desde entonces han estado trabajando junto con el SESCAM, en Castilla-La Mancha, para comunicar con los pacientes, ofrecerles posibles soluciones laborales, o facilitarles resultados de sus pruebas epidemiológicas en el caso de que sus respectivos facultativos no lo hubieran hecho ya… Esta labor está resultando, hasta cierto punto, extenuante. No sólo se han dedicado a llamar al personal para comunicarles los resultados. Se les está haciendo un seguimiento de aislamiento o cuarentena… Intentan, en la medida de que sus atribuciones lo permiten, solucionarles los problemas y dudas que puedan tener. En innumerables ocasiones, su labor ha sido más bien psicológica.

Un militar nos cuenta: “Te encuentras casos de todo tipo. Has llamado a gente a los que se les acaba de morir un familiar, o se lo acaban de llevar a ingresarlo. En algunos casos, las historias son dramáticas. Y no sólo por el tema sanitario. En otras ocasiones, nos han llegado casos que estaban preocupados por trabajos, estudios, etc… En la medida de lo que hemos podido, lo hemos ido solucionando en colaboración con Sanidad. Hubo días que se acababa extenuado, pero de vez en cuando tratábamos algún caso que nos hacía esbozar una sonrisa. Bastantes personas que, debido a la altísima carga de trabajo que se nos vino encima a todos durante estos meses, recibían la primera llamada de nuestra parte…



Resultaba gratificante las muestras de agradecimiento que la gente solía (y suele) tener hacia nosotros. En el otro extremo (si bien es cierto que son contados los casos), nos hemos encontrado con personas que no respetaban las medidas de aplicación a la hora de contener esta pandemia. Como ya he dicho antes, han sido casos muy aislados y puntuales. Y en ellos, como en las situaciones anteriores, hemos tenido «línea directa» con las Autoridades Sanitarias para «subsanar» estas anomalías”. 

Estos profesionales creen que los principales aspectos positivos a tener en cuenta durante todo este tiempo, sobre todo desde el punto de vista de la población, han sido que se está demostrando que las FFAA son realmente útiles a la sociedad. “No está en nuestra razón de ser el decirlo nosotros (nos comenta un suboficial). “En mi humilde opinión, eso se percibe escuchando y prestando un poco de atención. Por mencionar algo en concreto, mencionaría todo el despliegue en el Palacio de Hielo y la labor que hicieron nuestros compañeros allí y el esfuerzo por humanizar el aluvión de muertos que allí llegaba todos los días”. 



Esta pandemia nos ha puesto a prueba como sociedad. De todo esto deberíamos sacar grandes enseñanzas y lecciones de vida para nuestro futuro. Los militares creen que su labor a nivel de colectivo ha demostrado ser esencial. Han encajado en un equipo para, junto con otras instancias, atajar en la medida de lo posible, la propagación de esta enfermedad. Si bien han podido surgir aspectos que hayan podido dificultar su labor, éstos se han ido sorteando. 

El mismo suboficial nos da su opinión sobre la evolución de la enfermedad: “Tras las Fiestas Navideñas, tengo clara una cosa: si no se aplica el sentido común (a todos los niveles), todo el esfuerzo de tanta gente que hemos estado y aún estamos implicados en esta lucha, no valdrá para nada. Durante la «tercera ola» se ha podido observar que no todo el mundo ha usado ese sentido común tan necesario siempre. Y otra cosa que he podido observar: la media de edad de los positivos con respecto a lo que el año pasado se venía observando, ha descendido de una manera, al menos, significativa. Lo cual no hace sino confirmar lo que mencioné anteriormente: el sentido común”.



También hemos querido saber su opinión sobre la evolución de la percepción de la sociedad hacia la labor del ejército desde la perspectiva del tiempo: “Desde que comenzamos en España nuestra transición hacia la sociedad democrática que somos ahora. A nivel organizativo, técnico, etc creo que hemos ido evolucionando acorde a las necesidades que han ido surgiendo. En el aspecto técnico, con la modernización de nuestros medios y sistemas de armas. En el aspecto humano, con la progresiva incorporación de nuestras compañeras a filas y su total integración en el sistema. También el abandono del modelo del Servicio Militar Obligatorio y la total profesionalización de nuestras Fuerzas Armadas. Han sido muchos cambios que han ido de la mano con los cambios que ha ido experimentando nuestra sociedad en general. ¿Qué percepción tiene la sociedad de nosotros? Creo que todo este periodo que llevamos confinados ayudará a comprender a los que aún andan indecisos que estamos para serviros a todos: a los que nos entendéis y respetáis, y a los que no (minoría, en mi opinión). Estamos para todos”.

En medio de todo esto, la borrasca Filomena. Por todo el territorio se ha podido ver como los militares profesionales han estado realizando un trabajo titánico para restablecer la normalidad en aquellos lugares donde dicho fenómeno atmosférico ha castigado con más dureza a sus gentes. “Cada vez va viendo la sociedad de forma más clara nuestros cometidos. Y no se circunscriben a nuestras labores de adiestramiento militar, ya no son sólo Misiones Internacionales, ya ve la gente cosas más tangibles a la hora de valorar nuestra labor. Bien es cierto que la visibilidad de la UME ha ayudado a ello. Pero somos muchos más”. 

Es cuestión de tiempo que se alcance esa total sintonía entre sociedad y Fuerzas Armadas, porque es algo necesario en una sociedad democrática totalmente desarrollada. La mejor enseñanza que esta pandemia nos está dando es que población civil y Fuerzas Armadas están para sumar y para ayudar. Y que, poco a poco, se vaya olvidando la imagen que, en tiempo del «Antiguo Régimen», se tenía del ejército. Deberían ser, y son, uno más al servicio de nuestras gentes, independientemente del color de cada cual.



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