Salones Epilogo

Llega a ser el que eres
Píndaro
De niña
me pintaba los labios
con las fresas del postre
o con barras de extracto
de regaliz que había
lamido previamente
y de aquella manera
gótica o pasional
con aquel simulacro
de ingenuidad cosmética
no otra cosa hacía
que imitar sin instinto
los ritos de la especie
y descubrir que yo
no era el ser genuino
que de mí se esperaba.
A veces
pasaba de puntillas
por delante de mí
o buscaba mi cuerpo
al dorso del espejo
de las inmolaciones
y de aquella manera
sigilosa o venial
con aquel merodeo
de sombra estupefacta
no otra cosa hacía
que extender por mi alma
panales derretidos
y depilar a tientas
cada palmo del ser
bajo el que yo esperaba.
También
impostaba una voz
inaudita y azul
o escogía otras letras
para que fueran ciertos
mi destino y mi nombre
y de aquella manera
clamorosa o crucial
con aquel testimonio
de angustia identitaria
no otra cosa hacía
que evidenciar la brecha
entre el verbo y mi carne
y presentarme al mundo
como un ser en discordia
con su fisonomía.
Ahora
que bisturíes y hormonas
han revelado en mí
la imagen que ensoñaba
en las aciagas noches
de mi perplejidad
escruto en la memoria
de los fatuos espejos
el hondo deambular
y el eco infatigable
de mis primeros pasos.
Ahora soy en mi ser
y me enamoraría
de aquella niña azul
que fue y no fui.

EURO CAJA RURAL PIE

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