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Los efectos de la contaminación ambiental no sólo pueden reducirse a la salud pulmonar, pues ésta causa enfermedades neurológicas y envejecimiento del cerebro, según ha avisado el vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN), el doctor Juan Carlos Portilla.

Concretamente, las partículas contaminantes, que llegan al cerebro mediante el torrente sanguíneo y al que previamente han entrado a través de los sistemas respiratorio y digestivo, pueden producir «estrés oxidativo, respuestas inflamatorias, deterioro de los mecanismos de protección de la barrera hematoencefálica o daños en las células cerebrales o el material genético», ha precisado el doctor Portilla.


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De hecho, un estudio reciente del Global Burden of Disease, una organización que mide diversas enfermedades, lesiones y factores de riesgo para sufrirlas, halló que hasta el 30 por ciento de los ictus que se producen anualmente pueden atribuirse a la contaminación del aire.

Otras investigaciones ya sugieren que la contaminación podría desempeñar un papel relevante en el desarrollo de ciertas enfermedades cerebrales, como autismo, trastornos por déficit de atención, demencias, Parkinson y cefaleas. También se cree que influye en el proceso de maduración cerebral o desarrollo cognitivo de los niños.


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«En los últimos años cada vez son más las sospechas de la comunidad científica sobre el papel que la contaminación del aire desempeña en un gran número de síndromes y enfermedades neurológicas», ha manifestado el director de la Fundación Cerebro, el doctor Jesús Porta.

 

ALERTA TAMBIÉN POR LA NEUROTOXICIDAD


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Por otra parte, la Sociedad Española de Neurología ha recordado el riesgo de neurotoxicidad que suponen ciertos productos químicos a los que se ven expuestos los españoles en su puesto de trabajo.

Se estima que el 17,6 por ciento de ellos manipula contaminantes químicos, mientras que la cifra asciende al 22 por ciento de los europeos que inhalan humos y vapores durante una cuarta parte de su vida laboral. La inhalación es la vía más frecuente de absorción de sustancias neurotóxicas.


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La exposición neurotóxica afecta a los procesos celulares que participan «en el transporte de membrana y a las reacciones intracelulares, interfiriendo en la neurotransmisión. Además, también pueden atravesar la barrera hematoencefálica, afectando directamente al sistema nervioso», ha explicado el doctor Portilla.

Las consecuencias de la exposición a estos agentes se relacionan a un mayor riesgo de padecer Parkinson, descrito por la alta exposición al manganeso y al plomo, y Alzheimer. Los disolventes pueden generar síntomas neuropsiquiátricos o incluso daño neuronal y la exposición a metales interviene en la formación de placas seniles y muerte neuronal.

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