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Se sale fácil de Astorga. Nuestro Odiseo se olvida el cargador del móvil en el albergue, un peregrino se lo devuelve quince kilómetros después
Hace frío, a pesar de la procesión del Resucitado. Antonio dibuja el palacio diseñado por Gaudí, compra mantecadas, toma café, charla y cena sardinas de lata.
Desayuno gratis. Las plantas de los pies duelen desde el principio. La mochila pesa. Por la carga real y prosáica. No está el día para poéticos y etéreos recuerdos en el zurrón
En la Plaza de la Catedral, Antonio no puede contener las lágrimas por lo que ve
Jueves Santo. La tarde y la noche anteriores ha estado lloviendo. tres ampollas nuevas. Lo mal que se escribe tumbado y con una linterna en la cabeza. Pablo dice que no pasa de León:
Caminando tres horas bajo la lluvia, a Antonio se le ha metido el agua hasta en los bolsillos. Trece kilómetros como fantasmas, sombras jorobadas de colores casi imperceptibles
De Carrión a Terradillos. Esta noche ha llovido (mañana hay barro), pero solo ha sido un matapolvos. Diecisiete kilómetros, feos, aburridos, vacíos, sin nada...y empieza a chispear.
De Frómista a Carrión de los Condes. Siempre hacía el oeste.
Un Domingo de Ramos, a las seis de la mañana y en un pueblo de 150 habitantes. Eso también es el Camino. La tierra que atraviesan es caliza, yerma... apenas dará cosecha este verano. Pasan junto a las ruinas del convento de San Antón. En Castrojeriz la sombra es alargada. Curzando el puente de Fitero ya están en Palencia
De Burgos a Hontanás. Tras una buena noche, a madrugar, saliendo de Burgos sin salir el sol. Bien pero sin euforia. Desayuno en Tardajos. Pasan más ciclistas que otros días. Antonio adelanta a varios peregrinos: —¡Buen camino! Antonio piensa en la Semana Santa,...