ajedrez

El salón de los espejos del Casino de San Fernando, con sus altas matronas, tal vez republicanas a semejanza de la que pintara el padre de Francisco García Pavón,  acogió a los miembros del club Ajedrez Tomelloso para llenar sus  espacios con la ilusión de un torneo provincial para jóvenes menores de 18 años en escalas pares de edad (sub-8, sub-10, sub-12, sub-14, sub-16, sub-18).



Las pinturas como los vidrios que devuelven sus reflejos se muestran aburridas en su gesto, antiguas en su afán de dejar pasar el tiempo, los años.  A través de las altas ventanas se ve entre las ramas de un árbol  la plaza de España, con la Posada de los Portales  de fondo, poco después de nacer el día; se escuchan los silenciosos sonidos de la campana de la iglesia llamando a misa, se divisa al Cabo Maleza saliendo del ayuntamiento con paso ligero para avisar al jefe “Plinio” de un nuevo caso; el aguanieve acaricia los cristales, los churros calientes humean en la buñolería de la Rocío, mientras el espíritu inquieto y reflexivo de Don Lotario observa de pies, junto a las largas filas de tableros escaqueados, las cavilaciones silenciosas de los chicos de ciudad real, el intento de encontrar una celada en la apertura, una combinación ganadora, una original maniobra defensiva que libere a su rey de la presión, una serie de cambios que consigan un final favorable, un ataque en el flanco de dama que pueda ser definitivo, un triunfo con el que sonreír a sus padres que los observan impacientes sentados en un rincón o levantar el pulgar hacia su monitor en la lejanía como agradeciendo su doctrina, un punto que los acerque un poco más a la victoria en este campeonato de Ajedrez.

cartel ajedrez



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