the funanviolistas

La música como clavo ardiendo, como tabla de salvación, como centro de todo y como lenguaje universal. Como lenguaje de las emociones, nos atreveríamos a decir. Este sábado pudimos ver en Teatro Municipal de Tomelloso  el ejemplo de esas afirmaciones con “The Funanviolistas”. Un montaje de teatro musical que no dejó indiferente a nadie y del que todo el mundo salió contento.



El espectáculo es ingenioso y arriesgado —quien no arriesga no gana—, pero también divertido, inteligente y elegante. Todo ello es posible gracias al virtuosismo de Ana Hernández, Mayte Olmedilla y Lila Horovitz, el trio que forma The Funanviolistas.

El montaje es básicamente autobiográfico, las tres mujeres se quedaron sin empleo y decidieron unirse y crear su propio espectáculo financiándolo mediante crowfunding (gracias a 113 mecenas asegura el programa de mano). The Funanviolistas no tardó en ser un gran éxito y conseguir importantes premios como el Max revelación 2014.



Un banco y una farola: la calle como hogar. El escenario, a veces melancólico, otras terrorífico (nos recordó a El exorcista), otras canalla, pero también esperanzador. Hablando de esperanza por cierto, estas tres músicas imparten seminarios de coaching y emprendimiento contando su experiencia como ejemplo de superación en circunstancias de crisis.

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The Funanviolistas comienza con la triste Meditación de Thais de Massenet, cuando despiden a las artistas y recalan las tres en el banco. Pero enseguida llega el entusiasmo de estar juntas, uniendo sus voces para el Believille Rendez Vous de Charest. Y ya, instrumentos, voces, piernas y el talento de las intérpretes marchan unidos y sin tregua durante más de una hora. Mozart se confunde con Vivaldi, la Sinfonia de los jugetes aparta al Libertango de Piazolla y aparecen Rita Pavone, Nino Rota o el Can Can de Ofenbach. Ymenji, sintonías de cine y televisión, la Pantera Rosa… y más, mucho más. Tríos, dúos, solos, percusiones, pizzicatos, efectos sonoros de radios de antaño, teatro, canto, danza…

Y además, cada una de ellas, por separado, tiene su momento de lucimiento, Ana Hernández tocando el violín en puntas de ballet, Lila bailando un tango con el contrabajo y Mayte cantando You don’t know what love is.



En resumen, pasamos una noche divertida, disfrutando de un soberbio espectáculo. Y tras la representación, las tres artistas salieron al hall de Teatro Municipal para saludar al público.



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