A finales del siglo XVIII, el municipio de Tomelloso comenzaría un cambio en su fuente principal económica, vinculada desde su nacimiento al cultivo del cereal, y se empieza a introducir la vid entre sus cultivos. Aunque al principio se produce de forma tímida, logra alcanzar su etapa de apogeo durante el último cuarto del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, cuando se convierte prácticamente en un monocultivo. Es durante estas décadas cuando Tomelloso se convertirá en lo que es actualmente a nivel social y cultural.

La enorme expansión del cultivo de la vid en el municipio se debió a la plaga de filoxera que afectó a los viñedos franceses y al norte de la península en la segunda mitad del siglo XIX. Se trata de una plaga que fue soportada por las vides de La Mancha, ya que su clima y suelo eran más resistentes. La necesidad de atender la demanda de un mercado que se había quedado totalmente abandonado propició que en toda la comarca se extendiera el cultivo de la vid, así como la producción de vino, con varios cientos de bodegas particulares. Además, teniendo en cuenta que el término municipal de Tomelloso era un poco reducido para tal demanda de cultivo, los mismos habitantes buscaron tierras de labor más allá del mismo.

Lógicamente, la acelerada extensión del cultivo de la vid trajo consigo una gran demanda de mano de obra. Esto hizo que la población se multiplicara, superando en la década de 1920 la cifra de los 20.000 habitantes, y consiguiendo el título de ciudad en 1927.

Todo este aumento de producción vinícola tajo consigo otros retos para la ciudad de Tomelloso, pues las malas comunicaciones de la misma con el resto de España para poder enviar la producción de vino provocaron que los vecinos tuvieran que reinventarse. Se creó entonces una importante industria de fabricación de alcohol vínico para reducir los volúmenes del producto en cuestión, facilitando así su transporte y comercialización. Estas alcoholeras fueron, en principio, propiedad de los vecinos de Tomelloso, pero más tarde las más importantes empresas nacionales del sector (sobre todo las firmas jerezanas) se establecieron en la ciudad, convirtiéndola en el mayor productor mundial de alcohol vínico, un puesto que sigue ocupando actualmente.

A pesar de que la transformación de alcohol reducía el producto a una séptima parte, la producción seguía siendo excesiva para las deficitarias redes de comunicación de la época, por lo que la iniciativa privada (una vez más) hizo otra gran hazaña, como fue la puesta en marcha del ferrocarril. Un insigne vecino de Tomelloso, Francisco Martínez Ramírez, fue el impulsor de la idea a través de su periódico “El Obrero de Tomelloso”. Este medio vio la luz el 1 de noviembre de 1903, con el subtítulo de “Defensor de los intereses comerciales y agrícolas”. La fundación de un semanario de estas características le situó como uno de los personajes más influyentes de Tomelloso y La Mancha. El ferrocarril se inauguraría en 1914 y sería un ramal que conectase con Cinco Casas en la línea Madrid/Andalucía.

A partir de la década de 1950, la crisis del campo, aparejada con su progresiva mecanización, mermó la población de Tomelloso en torno a un 15%, desde el máximo de 32.000 habitantes censados en 1954. Sin embargo, la puesta en funcionamiento del embalse de Peñarroya en 1959, en la cabecera del Guadiana, propició que nuevos cultivos, hasta entonces prácticamente vedados por el clima estepario de la zona, fueran haciéndose un hueco cada vez más importante dentro del monocultivo de la vid. Un ejemplo fue el caso del melón, que acabaría dando renombre a la población en todo el territorio nacional, convirtiéndose en un producto merecedor de una Denominación de Origen Protegida, un hecho que se manifiesta como una demanda más que añadir al listado.

A partir de finales de la década de los 80 del siglo XX, la pequeña y mediana industria experimentan un auge notable, sobresaliendo sobre las demás localidades de su alrededor, pero siempre gravadas por la escasa o casi nula implantación de servicios de las administraciones públicas en la localidad. Se trataba de una clara desventaja con respecto a otras poblaciones de similar tamaño de La Mancha.

Con la llegada del siglo XXI, Tomelloso vuelve a experimentar un nuevo aumento de su población, que le lleva a sobrepasar los 35.000 habitantes en pocos años. En esta ocasión, el aporte poblacional vendrá propiciado por la inmigración, principalmente de países del Este de Europa y de Latinoamérica, atraída por la necesidad de mano de obra para las labores agrícolas, industriales, de construcción y de hostelería.

Esta es -a grandes rasgos- la historia de Tomelloso. Una historia de trabajo y emprendimiento que ha forjado una cultura de esfuerzo individual, que se manifiesta a nivel colectivo en tres iconos de su patrimonio arquitectónico: Las cuevas-bodega, las grandes chimeneas de las alcoholeras y los bombos. Pero de estos tres tipos de construcciones hablaremos en próximos capítulos.

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