Este momento por el que estamos pasando debería servir para aprovechar la oportunidad de definir qué es la “CORRESPONSABILIDAD”.

La idea del hombre que “ayuda en casa”, queda muy lejos de lo que se entiende por corresponsabilidad, aunque a veces es el principio de la toma de conciencia de lo que supone ocuparse y preocuparse de las necesidades básicas de los miembros de una familia.



Cambiar pañales, poner lavadoras siempre que se te pide, cocinar los domingos solo el plato que se te da bien, ir a la compra con la lista, pasar la aspiradora el fin de semana… son tareas que cada vez más hombres asumen pero se corre el riesgo de pensar que ya está todo hecho.

Pensar que comer cada día, saber cuándo hay que vacunar a los niños, si hay leche suficiente, si hay que comprar zapatos a los niños o si hay que cambiar los armarios o poner una lavadora porque es necesario sin que nadie te lo pida. Está más cerca de la corresponsabilidad.

Cuántas de nosotras no estamos en el trabajo pensando que hay que llevar al dentista a la niña, que habría que pintar el techo de la cocina, que los abuelos necesitan medicinas, que el compañero no tiene calcetines… y no sólo pensando sino que llamamos al dentista, al pintor, pedimos las recetas de los abuelos y a la salida del trabajo pasamos por la mercería para comprar los calcetines. A esto se le llama la doble presencia o jornada que es un factor de riesgo psicosocial que merma nuestras energías y concentración en el trabajo y que contribuye a que en lo laboral no podamos prosperar ya que nos pesa la vida. Y es en la descarga de esta situación en lo que consiste precisamente la corresponsabilidad.

Ellos llegan cansados de trabajar, nosotras también, su trabajo es importante, el nuestro también, su participación en la vida social es el momento de descargar de las responsabilidades y tensiones de su trabajo, para nosotras también.

Para nosotras el cuidado de los hijos es gratificante porque recibir y dar amor nos hace crecer como personas, a ellos también. Si es que dar amor tiene que ver con cuidar.

Para que la igualdad de oportunidades sea una realidad debemos empezar por lo cercano nuestros compañeros deben asumir su responsabilidad y nosotras debemos dejar que la asuman, es también común aquello de “mi marido no sabe poner la lavadora y se lo he explicado muchas veces”, al final terminamos poniéndola nosotras o eso otro de que ellos no saben hacer la cama como nosotras o no friegan los suelos como nosotras. Demos menos importancia al resultado y dejemos les hacer.



Debemos plantear cuales son las necesidades de la familia y abordarlas de manera conjunta sin asumir nosotras por defecto y adelantarnos o esperar a que ellos decidan dar un paso al frente, es una responsabilidad que adquieren dos personas adultas e iguales en el momento que deciden crearla.

Uno se hace corresponsable con amor y con cariño, contare que mi marido era un hombre independiente cuando yo lo conocí, vivía solo y en los primeros días de convivencia me plantea que él se va a meter en la ducha y que si no me importa le prepare la ropa que se pondrá encima de la cama. Yo le miré divertida y le conteste que juego más divertido luego iré yo a la ducha y tú me preparas la mía. Entendió enseguida que era una cuestión sin sentido. No lo volvió a proponer más, pero no supuso tensión. En algún sitio leí que “el hombre que cocina, lava los platos y hace el aseo de su casa, es un adulto funcional, no un ser especial”.

El mundo es mejor si es igualitario.



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