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El Museo de Arte Moderno “Infanta Elena” de Tomelloso acoge, desde este jueves 4 de mayo, la exposición “Anábasis” del pintor y artista asturiano Marcos Tamargo (Gijón 1982). Coincidiendo con la inauguración, el artista presentará el libro “Marcos Tamargo 2014/2017” que incluye una selección de obras realizadas en estos años.


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La exposición, nos explicó el artista, «recoge una selección de obras de los últimos cuatro años» desde su primer viaje a Kenia. Marcos, anteriormente había vivido en Nueva York cuatro años y «el viaje a Kenia fue mi segundo punto de inflexión». Mientras recorremos la muestra el artista nos explica que «se trata de obra muy matérica» ya que, no en vano, utiliza para los cuadros materia «del lugar donde comienzo el viaje y luego pinto el sitio de destino».  Destaca el paralelismo entre los colores de Kenia, los ocres del país africano, con la paleta castellana, incluso la inmensa planicie donde viven los masáis es muy parecida a la llanura manchega.

La muestra recoge formatos de todo tipo «pequeño, mediano y grande», hay, al menos, veinte obras que van de los 1,5 a los 3 metros.  En “Anábasis” hay «multitud de formas pictóricas» y  distintos materiales como «el lienzo, la arpillera, o las pinturas sobre papel japonés, y siempre, acompañados de materia terrenal como la arena, el serrín, la madera, restos de vegetación o cristales».


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Tras los cuadros africanos la exposición continúa con la Anábasis propiamente dicha «esa expedición, como la de Jenofonte y los 10.000 con la que busco unir esos viajes. Kenia, Nueva York, Alemania, Asturias y Castilla, mezclándolo todo». El epítome de esa Anábasis son tres cuadros, alargados, en papiro, que representan «el comienzo, el trayecto y el destino».

Nuestro recorrido por la exposición llega a su última obra, cronológicamente. Asegura Marcos que se puede pintar por dos cosas «por amor, al arte, a las mujeres, a la naturaleza, o a lo que sea. O, por reivindicación». Esta última parte, «que entra dentro de la Anábasis tiene un sentido más reivindicativo». Nos muestra “Columpio de deriva”, con palos de los que arroja el mar a la costa «son como las personas que van en las pateras, van a la deriva. Y para nosotros, para el primer mundo es como un juego, como que los columpiamos». Esa última parte tiene colores fríos, blancos, azules helados, grises, dado que «los migrantes buscan el norte de Europa».


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Tamargo  muestra también en el Museo Infanta Elena su visión sobre el “Cántico Espiritual” de San Juan de la Cruz   Un libro de artista, con una tirada de cien ejemplares editado por la galería madrileña Rodrigo Juarranz y de Ediciones Carla Torres, según explicó el pintor. El museo ya ha adquirido varios ejemplares del libro «que consta de seis grabados de como yo veo el “Cántico Espiritual”, además de una obra única y la obra de San Juan de la Cruz traducida a once idiomas».

A pesar de ser asturiano «pocas veces verás el verde es mis cuadros». Al principio, «cuando vivía a caballo de Nueva York, Inglaterra y Asturias, mi obra era más oscura». Después, tras su paso por Kenia «el color invadió la paleta y eso se nota» y, también, el pintor visita con frecuencia, desde hace dos años Castilla y Andalucía.


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Dando «pasos cortos, pero firmes»  la obra de Marcos Tamargo se encuentra repartida por todo el mundo. Hay cuadros suyos en Patrimonio Nacional, diversos Ministerios, en la Hispanic Society de Nueva York, o en el CERN de Ginebra entre otros lugares «algo que me reafirma en seguir trabajando aún más».

Tamargo es muy conocido, también, por los retratos que durante cinco años llevo a cabo, de los galardonados con los Premios Princesa de Asturias. Decidió dejar de hacerlos «porque cada cosa tiene su tiempo». No obstante, el acometer ese trabajo «me marcó mucho y me dio la oportunidad de conocer a personalidades de la talla de Michael Haneke o Frank Gehry, entre otros». Se trata de un tipo de pintura «que no traje aquí, el “Moveart” que permite ver dos cuadros en el mismo soporte».



Llama la atención de Marcos Tamargo sus reconocimientos, a pesar de su juventud y de acometer una obra poco cómoda, que estremece al espectador, reivindicativa «cada pintor tiene que tener su personalidad. Estudie muchos tipos de pintura, antes de encontrar mi camino y realizar mi propio estilo».  Además, el artista segura que «intento buscar la belleza en lugares que en principio no la tienen».


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Y, además, la obra cumbre del misticismo español, “El Cántico Espiritual”,  «tiene mucho que ver con mi obra». Nos muestra dos de las láminas que ilustran la obra, «hay una playa en Kenia, Kilifi, en la que el plancton brilla por las noches. Parece que te estés bañando en las estrellas y parece que se conecte el cielo y la tierra. Eso tiene mucha relación con el amado y la esposa o lo natural y lo sobrenatural».

Tras dar las gracias al Museo Infanta Elena y a Rafael Torres por la exposición, el pintor nos contaba que su trabajo le «permite conocer muchos lugares y muchas gentes». Destacó que el Infanta Elena está siendo un referente nacional «por la cantidad de obras que tiene y por certamen que realiza». Tamargo destacó la importancia de nuestra ciudad en el mundo del arte «que se impulse en una localidad como Tomelloso, de apenas 40.000 habitantes, permite que pueda estar a la altura de algunas capitales».


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También puso en labor la labor de mecenazgo de Virgen de las Viñas Bodega y Almazara «un ejemplo a seguir»  Gracias a la labor de la cooperativa, añadió, la figura del mecenas que parecía que se había perdido «se vuelve a recuperar», algo que los «artistas agradecemos».

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