La villa de Ibi se encuentra en la provincia de Alicante, concretamente al pie de las sierras Teixereta y de Biscoi y a 816 metros de altitud sobre el nivel del mar, lo que la convierte en uno de los municipios más altos de toda la provincia. Ibi está situado en el extremo noroeste de los valles que configuran la Hoya de Castalla y al nordeste de la cuenca del río Monnegre, conocido también como Río Verde o de Castalla. Dicha ubicación le confiere un clima más continental que mediterráneo, a pesar de estar a 25 kms de la costa.

Hasta el siglo XIX la principal fuente de ingresos había sido la agricultura, a la que se unió la industria de tipo artesanal como hilados y sobre todo el comercio del hielo, el cual extraían de sus pozos de nieve que acumulaban en invierno. De esta última actividad derivaría la industria heladera que tuvo un rápido crecimiento, por toda la geografía nacional y gran parte del extranjero, a partir de finales del siglo XIX.

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A mediados del siglo XIX muchos ibenses fueron a Madrid a trabajar en las fábricas de teja. Se ve que conocieron gente de fuera, entre ellos a un italiano que sabía fabricar helados. Ese italiano enseñó a una persona de Ibi y cuando vino lo comentó con los paisanos. Lo de los pozos de nieve fue la coincidencia que ayudaría a la industria heladera. Aún quedan muchos pozos de nieve gigantescos, y muy bien conservados. Mucha gente se dedicaba a la nieve: la recogían, la echaban al pozo y la prensaban ahí. Se compactaba, se hacía hielo y se vendía cuando no había neveras. Entre lo del italiano y la nieve los ibenses se dedicaron a hacer helados.

Los primos de Ibi
Pozo de nieve en Ibi

A partir de principios del siglo XX, el negocio del helado empezó a flojear, ya que empezaron a llegar de Italia los primeros congeladores, pero esta población alicantina, siempre reinventándose, empezaría a destacar industrialmente sobre todo con la fabricación de juguetes. Fue a principios del siglo XX que se fabricaba en Ibi el primer juguete y, tras éste, una larga lista de fabricantes se pusieron manos a la obra. Muchos años dedicados a realizar y cumplir los sueños de los más pequeños, convirtieron Ibi en el Centro Español del Juguete.

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Los años sesenta del siglo XX fue la década de máximo esplendor de Ibi, con la industria juguetera a tope, había mucha demanda de mano de obra, y en diez años la población se multiplicó por algo más de dos (6.129/13.916). Y es en ese momento en el que entra en el guion Tomelloso, pues fueron decenas de familias tomelloseras las que emigraron a la ciudad de Ibi entre 1960 y 1970. Se calcula que en esa década pudieron llegar a Ibi aproximadamente 2.000 tomelloseros a trabajar en las fábricas.

Los primos de Ibi
Monumento a los Reyes Magos en Ibi

El sector juguetero es un difícil y exigente mercado condicionado por las estrictas normas de seguridad y de calidad, por el diseño, la estacionalidad y la invasión de productos asiáticos, y la crisis del petróleo. Estos severos factores hicieron que a partir de la década de 1970 la industria del juguete fuese entrando en crisis, crisis que se confirmaría en la década de 1990. Pero el espíritu emprendedor de los ibenses hizo que una vez más se reinventaran y se unieran para volver a fabricar helados, haciéndoles la competencia a todos los grandes fabricantes nacionales. Montaron una gran fábrica, y para buscar mercado fueron ellos mismos quienes empezaron a montar heladerías por todo el territorio nacional.

Se cree que actualmente hay en Ibi unas 4.000 personas descendientes de tomelloseros, los cuales ya van por la tercera y cuarta generación. Casi todos los tomelloseros tenían primos en Ibi, que solían venir a visitar Tomelloso durante los días de la feria. Todos han hecho su vida allí, y ya no vienen a Tomelloso, pues los lazos se han ido diluyendo, pero quizá sea el momento de reencontrarnos con nuestra ciudad hermana, ahora que oficialmente nos hemos hermanado. Tomelloso e Ibi son dos poblaciones hermanas, cuyos habitantes saben bien lo que es trabajar y conseguir todo por nuestros medios. Somos dos ciudades que convertimos la adversidad en nuevas oportunidades, y aunque los primos de Ibi ya sean parientes lejanos, de alguna manera siguen estando presentes.




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