Pilar Penadés es la actual titular de Farmacia Penadés, que fundó su abuelo, Alberto Penadés, allá por 1922, y con ella he hablado para que me cuente la historia de este negocio familiar, que continuará con la cuarta generación en manos de su hija Sara Montoya Penadés, cuando Pilar se jubile. “Mi abuelo terminó la carrera en 1918, y estuvo trabajando en Madrid en la farmacia Madariaga, que estaba por la Puerta de Alcalá. Entonces las farmacias eran las farmacias auténticas (boticas), que sólo se hacía formulación magistral. Y allí aprendió todo el oficio de alquimista, que es lo que realmente eran los farmacéuticos de entonces”.

Según me cuenta Pilar, fueron años muy duros. Su abuelo empezó con una botica muy pequeña, donde tenía su laboratorio. Fueron tres décadas muy convulsas de la historia de España, en las que Alberto Penadés Tenía que preparar los remedios curativos para todo el mundo, procurando que estos remedios no supusieran la ruina de las familias, además su ética le impedía hacer un producto de peor calidad para abaratarlo. Durante la contienda civil la farmacia, al igual que todos los negocios, fue expropiada para la colectivización, pero la lógica se impuso ya que nadie sabía que hacer con la farmacia, y por otra parte la figura del farmacéutico era fundamental, así que le devolvieron la farmacia.

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También me cuenta Pilar algunas anécdotas durante ese periodo, como que tuvo que acoger a soldados del bando republicano que venían del frente, o la discusión que tuvo con alguno de ellos, que le llevó a pasar un par de días en el calabozo. Después de la guerra civil llegó una post-guerra más dura aún, y Alberto subsistió fabricando remedios para los sabañones, la sarna, y otros males muy comunes entonces; “Se iba por los pueblos y cambiaba sus ungüentos por patatas, pan y otros productos de primera necesidad, con su buen hacer como farmacéutico pudo subsistir, y poco a poco prosperar”.

El fundador estuvo al frente de la farmacia hasta bien entrada la década de los 70,casi hasta su fallecimiento, y aunque en 1956 se unió al equipo Ángel Penadés, el padre de Pilar, Albertomarcó su filosofía del buen hacer tanto a su hijo Ángel, como a todas las personas que trabajaron con él, como Pedro Pablo o Lorenzo, a los que enseñó a hacer formulación.

La mano derecha de Pilar; Eugenio Herreros Jareño, me cuenta más anécdotas. Eugenio entró en la farmacia en 1973, con sólo 14 años, y a pesar de haber entrado con mal pié, terminó siendo una pieza fundamental. “Mis comienzos fueron desastrosos, ya que el primer día me pusieron a limpiar una estantería, y en un descuido tiré varios frascos de jarabe. Pocos días después fui a una alcoholera con un carrito de mano a por unas garrafas de alcohol, y al llegar a la farmacia, al descargar, se me resbaló una y se rompió. No sé qué motivó a los jefes para que ese mismo día no me despidieran, algo debieron ver en mí, porque muy pronto me pusieron a ayudar a Lorenzo, que era quién hacía las fórmulas magistrales, y fue el que me enseñó todo lo que sé. Lo cierto es que en esta farmacia la gente que ha trabajado ha estado aquí hasta que ellos han querido, o hasta jubilarse”.

Marca Tomelloso: Farmacia Penadés, otra saga familiar

Pilar me cuenta que en este tipo de negocios es fundamental la confianza en los trabajadores y ser un equipo, y que no se puede cambiar de personal continuamente. Si bien es cierto que actualmente las farmacias son tiendas de medicamentos, e incluso de productos cosméticos, todavía se hacen algunas fórmulas magistrales, aunque es un trabajo que ha cambiado mucho, y ahora son más un eslabón de la cadena sanitaria, un eslabón fundamental.

Durante los últimos dos años, y desde que surgió la pandemia del Covid, los farmacéuticos han sido la pieza más importante de este entramado, ya que tuvieron que sustituir en parte a los médicos. Los pacientes, al no poder hablar directamente con sus médicos acudían a la farmacia a pedir consejo, a informarse, e incluso a desahogarse. Las farmacias son ahora un gabinete psicológico, además de el complemento de una medicina pública, que quizá está un poco distanciada de los pacientes, y los farmacéuticos informan a los pacientes sobre los tratamientos y la forma más adecuada de seguirlos, su aportación a la sanidad es fundamental, y mucho más importante de lo que muchas veces nos pueda parecer. Cualquier enfermo se siente con más confianza para hablar con su farmacéutico, eso es debido quizá a que en la farmacia encuentran una actitud más amable y cercana, lo cierto es que es un trabajo que ha cambiado mucho, pero que sigue siendo muy necesario.

Marca Tomelloso: Farmacia Penadés, otra saga familiar

Hablo también con Pilar y Eugenio sobre la evolución de las farmacias hasta hoy, y la adaptación a los nuevos tiempos, y el futuro de las mismas. “Aparte de la aparición de las grandes compañías farmacéuticas desde la década de 1950, en la que no han hecho más aparecer nuevos medicamentos, multiplicándose hasta el infinito, ha habido muchos cambios, ya que hace varias décadas los supositorios y las inyecciones eran las fórmulas más comunes, y ahora son formatos menos recurrentes. Otra cosa que también ha cambiado mucho es que las aguas minerales antes sólo se vendían en farmacias, y hasta que a finales de los 70 se empezaron a vender en los supermercados las farmacias hacíamos reparto de agua mineral a domicilio”.

En cuanto al futuro, se plantean nuevos retos, como la competencia de la parafarmacia ,y la venta online, y aunque seguirán siendo necesarias, las farmacias tendrán que reinventarse para poder subsistir, aunque creo que esa confianza y seguridad que los farmacéuticos dan a los enfermos será difícil de sustituir, y ese es el reto que tendrá que asumir la hija de Pilar: Sara Montoya Penadés, un miembro más de la plantilla de una farmacia que está a punto de cumplir su centenario, pero de eso ya hablaremos cuando ocurra.




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