Las ferias son unos ecosistemas nómadas, con un montón de particularidades muy especiales que convierten a los feriantes en una especie de tribu cuyos modos de vida difieren mucho del resto de los mortales. Esa tribu tiene una cultura propia, y solo se adaptan unos pocos a esa forma de vida. Es posible que esa forma de vida nómada de los feriantes haya sido la causa de que históricamente hayan estado mal vistos por la sociedad sedentaria. Los feriantes actuales son los herederos de los buhoneros, zíngaros y artistas de circo ambulantes. Dentro de esa tribu con usos comunes hay decenas de apartados y trabajos distintos, cuyas actividades se pueden clasificar en varias especialidades.

Por un lado están los trabajadores de las atracciones mecánicas (noria, coches de choque, látigo, barco pirata, tiovivo, tren de la bruja, etc.), estas atracciones se podrían clasificar en las puramente ociosas y las que producen adrenalina, cuyas instalaciones deben cumplir unos exigentes protocolos de seguridad. Todas las atracciones mecánicas exigen de personal muy cualificado y experto, y en aquellas de riesgo controlado deben pasar unos controles muy exhaustivos. La mayoría de estos trabajadores coincide en el peligro que conlleva el hecho de montar y desmontar la atracción todas las semanas, que puede llegar a convertir el trabajo en algo monótono y mecánico, con el peligro de no poner el interés necesario para hacer el trabajo impecable. J.C., un empresario propietario de una de estas atracciones mecánicas, nos cuenta que hace bastantes años, por un problema de salud (una operación quirúrgica) no pudo asistir a una feria, pero como no podía permitirse el lujo de estar una semana con la empresa parada, envió a todo su equipo de seis personas a esa feria, confiando en la experiencia de los mismos. El equipo hizo el montaje perfecto, pero se olvidaron de supervisar el nivel de aceite de unas máquinas hidráulicas, trabajo que siempre hacía J.C. Ese descuido pudo haber costado la vida de varias personas y la ruina total del dueño, la suerte que tuvieron fue que la atracción no llegó a ponerse en marcha, porque en la prueba había cosas que no funcionaban. La atracciones mecánicas son objeto de muchos controles técnicos, y tienen que pasar algo parecido a la ITV de los automóviles. Estos feriantes son trabajadores muy cualificados que deben tener una variedad de conocimientos de mecánica, electricidad, electrónica, etc.

Los feriantes de la Feria de Tomelloso

Otra atracción que no falta en ninguna feria son las llamadas atracciones de azar y habilidades (tómbola, bingo, tiro a pichón, dianas, etc), suelen ser negocios familiares en los que no suele haber empleados externos a la familia, y aquí los dueños de las atracciones juegan con un margen de beneficios que debe estar controlado, eso es más fácil en los juegos de azar, como el bingo o la tómbola, ya que funcionan con un porcentaje de los ingresos en premios. En el caso de los juegos de habilidades como el llamado tiro a pichón (que consiste en disparar con una escopeta de balines a unos palillos que sostienen el premio), las dianas, tiro con pelotas, flechas para explotar globos, pinzas de “pesca”, etc. los feriantes usan todo tipo de trucos para protegerse de jugadores muy hábiles. Hay una frase muy popular que dice: “falla más que una escopeta de feria”, algo lógico ya que estas escopetas terminan con los cañones desviados por tantos golpes, lo cual no significa que los propios dueños de la atracción no colaboren en la actividad de “estresar” las armas. En el caso de los globos y las flechas también hay trucos, pues las puntas de las mismas suelen ser bastante romas, y el volumen de aire de los globos está estudiado para que el látex de los mismos tenga suficiente resistencia. M.L. dueño de una de esas atracciones nos cuenta que de alguna manera los usuarios saben de esas dificultades, pero también es un reto para muchos de ellos que creen que podrán burlar la picaresca de los feriantes. “Hace unos años me topé en una feria con un cliente especialmente habilidoso, que estuvo toda una noche llevándose premios, y al final de ese día hice cuentas y prácticamente no había ganado dinero, al día siguiente volvió, y yo estaba asustado, pero ese día no tuvo tanto acierto, aunque también se llevó muchos premios. El tercer día volvió, y me dijo que ya no jugaría más, porque tenía la casa llena de peluches, aunque primero intentó negociar conmigo para que se los comprase. Sigo yendo todos los años a esa feria, y hemos hecho una gran amistad”.

Los feriantes de la Feria de Tomelloso

Otro grupo de feriantes son los hosteleros que llevan tascas de bebida y comida. Hay dos grupos: Las tascas con mesas y barra, donde el público se para a comer y beber tanto en la barra como en las mesas, y los más ambulantes, donde la gente compra la bebida y la comida para ir consumiéndola mientras recorre la feria. Entre los primeros están las tascas propiamente dichas y las churrerías, y son negocios que mueven mucho personal y recursos, sobre todo en el caso de las tascas, que deben proveerse de mercancías casi a diario, y tener muchas cámaras de refrigeración, además de las mesas y las sillas, además cada vez que acaban una sesión tienen que recoger todo, cerrar toda la tasca cuando acaban, reponer para el día siguiente, y dejar un vigilante para evitar robos. En todas , las ferias hay tascas de feriantes propiamente dichos (los de fuera), y varias tascas de empresarios locales, pero la actividad en ambos casos es igual. En la feria de Tomelloso hay varias tascas de auténticos feriantes que llevan viniendo varias décadas, como el M.A., que lleva viniendo a Tomelloso desde hace cuatro décadas. Curiosamente hay varias tascas de ese tipo (las típicas de los pollos asados) de tercera generación de feriantes, en las que todos son de la zona de Jaén y Granada. Las churrerías son otro clásico de la feria, aunque estos negocios no tienen que gastar tanto dinero en mercancía, su hándicap está en ocupar mucho espacio con mesas y sillas, y eso supone unas tasas muy elevadas. Luego están las bocaterías y puestos de comida rápida, negocios pequeños que suele ser un remolque o rulote (tipo food truck) en los que el espacio de almacenamiento y trabajo tiene que estar muy bien organizado. Algunos de estos puestos de comida rápida también incluyen mesas y sillas, es una buena apuesta siempre que la oferta sea más variada.

Santiago Apóstol

El mayor número de puestos es el de los tenderetes. En las ferias podemos comprar cientos de cosas, pero básicamente hay tres tipos de tenderetes: Los de ropa y complementos (bolsos, gafas de sol, carteras, ropa, bisutería, etc.), estos se suelen poner en la calle Lugo, la entrada Este al recinto ferial. La mayoría de ellos suelen ser extranjeros, repartidos entre africanos (marroquíes y subsaharianos) y latinoamericanos (peruanos y ecuatorianos, sobre todo). La mayoría de ellos residen en Madrid y cercanías, y suelen aprovisionarse en los almacenes de los polígonos industriales de Fuenlabrada. Los jugueteros se colocan en la entrada Oeste del recinto, en el paseo que separa el Parque de la Constitución y el Estadio Municipal Paco Galvez, son también feriantes de saga familiar, y los más veteranos suelen proceder de la parte de Levante, aunque ahora los hay de CLM y otros lugares. Por último están los tenderetes de Menaje y cacharros, los cuales se colocan en el otro paseo lateral del Parque de la Constitución, justo detrás del centro de salud nº-1. Estos tenderetes se colocan los últimos días de la feria, ya que aquí la tradición es la de comprar los “cacharros” el día 31.

Aunque menos numerosos, hay otros puestos que nunca faltan, como son los turroneros y los de las berenjenas de Almagro, clásicos imprescindibles. También hay siempre algunos puestos de artesanía, aunque este año solo hemos visto uno.

La gran mayoría de los feriantes viven en caravanas las cuales aparcan detrás del pinar que hay junto a la explanada del recinto ferial, aunque también muchos de ellos se hospedan en hostales o pisos de alquiler por días. También hay muchos feriantes que son de pueblos cercanos, y se van a dormir a casa todos los días, dejando algún vigilante en el puesto.

La vida de los feriantes es una vida dura, para la que no todo el mundo vale. La mayoría tiene ferias fijas a las que van año tras año. Muchos se mueven por una zona determinada cercana a sus localidades de origen, otros a nivel regional, y otros se mueven por toda España, buscando las ferias más importantes, estos suelen ser los de las atracciones mecánicas más atractivas y espectaculares. De una forma u otra son personas que trabajan mucho, sobre todo en los intervalos de una feria a otra. El mayor trabajo en las ferias está en el de montar y desmontar, cargar y desplazarse a otra feria, y vuelta a empezar, una monotonía semanal cuyo único cambio es el del escenario y el público, lo cual rompe un poco la rutina. Quizá es hora ya de romper estereotipos y ver a los feriantes como personas trabajadoras y responsables, merecedoras de todos los respetos.

Picazo de Nova / TurboSeguros



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