Por Luis Miguel Miñarro López

Si alguna vez nos hemos puesto en situación de aprender una nueva lengua, de enfrentarnos al hecho o necesidad de comunicarnos, interaccionar en una lengua distinta de nuestra lengua materna, sabemos de la enorme dificultad que esto entraña. Esta situación es comparable y, por ende, recomendable para entender la tormenta de emociones y frustraciones que sufren aquellas personas que por una razón u otra se trasladan a otro país o lugar con otro referente lingüístico y cultural distinto del propio, que deben integrarse en el medio escolar, laboral, social. De algún modo, se trata de “ponerse en los zapatos1” de aquellos y aquellas que buscan oportunidades en otro lugar, incluso para la mera supervivencia. En este sentido, aprender otras lenguas es también una oportunidad para educar en ciudadanía; teniendo en cuenta, como explica Ben Knight en su artículo “How learning another language shapes the new you2”(09-07-2021)3, que en el siglo XXI no se pertenece a una sola nación o país. De este modo, al explicar nuestra propia identidad se trata de conocer quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el mundo como ciudadanos y ciudadanas globales; desterrando así esas “identidades asesinas”4 que hacen de las lenguas y las culturas instrumentos para la intolerancia.

No obstante, todo apunta a que, a pesar de las dificultades, vale la pena el esfuerzo. Desde siempre, pero, especialmente ahora, en el mundo interconectado y global en el que vivimos, aprender un nuevo idioma se ve favorecido por el surgimiento de la comunicación transnacional gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación y la Internet. Como relatan García de León, D.L. y García de León, J.E (2014)5, la diferencia entre las prácticas de uso del lenguaje en los siglos anteriores y la actualidad radica en que los ámbitos donde utilizamos la habilidad de comunicar se han ampliado debido al fenómeno de la “glocalización”6; por lo que el conocimiento de distintas lenguas se ha convertido en un elemento central e imprescindible en nuestro tiempo. En consecuencia, el aprendizaje de otras lenguas es una oportunidad (Mehisto y Marsh, 2011)7 que tiene su valor en términos materiales (certificaciones, títulos, currículo, mejora de oportunidades laborales, …), pero que, además, tiene otras implicaciones y repercusiones de carácter intangible o inmaterial: aprender lenguas diferentes nos permite expandir nuestro conocimiento y comprensión de otras personas y su cultura, incluyendo el de nuestra propia gente y cultura, creando así una experiencia de vida más enriquecida, con una mayor sensibilidad social (Goetz, 2003)8 que permite una toma de perspectiva más amplia y empática (Kóvacs, 2009)9.

Del mismo modo, como afirman los neurocientíficos, aprender lenguas también cambia nuestro cerebro dotándolo de una mayor flexibilidad para desarrollar diversas habilidades mentales (Javor, 2017)10. Aprender cualquier cosa ya produce cambios, aunque sean poco significativos, pero tal y como afirma John Grundy (2020), investigador especializado en bilingüismo y cerebro, aprender un idioma lo hace muy rápido y en mayor medida al provocar una neuroplasticidad extensa en el cerebro. Dicho de otro modo, cuando se aprende una nueva lengua el cerebro se reorganiza estableciendo nuevas conexiones y nuevos caminos, haciéndolo más eficiente, como demuestran numerosos estudios (Martensson et al, 2012)11, (Chung-Fat Yim, Sorge, Bialystok, 2017)12; por no hablar de otras mejoras como el mayor desarrollo de la empatía (Javor, 2017) o la prevención de la demencia a más largo plazo (Anderson, Hawrylewicz, Grundy, 2020). 13

En definitiva, aprender lenguas no es tarea fácil, pero tiene múltiples ventajas; además, en estos tiempos de incertidumbre, líquidos, como se han dado en llamar, la enseñanza-aprendizaje de lenguas bien puede ser un instrumento para crecer en ciudadanía, en tolerancia, para mejor entender a los otros y las otras y ,de paso, a nosotros mismos (del ego al alter y viceversa).

El reto que se nos plantea es mejorar la actitud lingüística de nuestros ciudadanos y ciudadanas en una comunidad monolingüe como la nuestra y dotarnos de los mejores instrumentos y recursos para la enseñanza-aprendizaje de otras lenguas; entendiendo, además, que estos aprendizajes son oportunos y deseables a lo largo de toda la vida.

Luis Miguel Miñarro López
Maestro, antropólogo social y doctor en estudios filológicos

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1 De la expresión en inglés:” Put yourself in someone else’s shoes”. Para referirse a ponerse en la piel del otro, empatizar.

2 Cómo aprender otro idioma da forma a tu nuevo yo.

3 Knight, B(09-07-2021). UNSW Sydney. Newsroom. Disponible en: https://newsroom.unsw.edu.au/news/social-affairs/how-learning-another-language-shapes-new-you?fbclid=IwAR0lj0okCgj_etzpLweDoxYfWp5rmJFjb206UpHfNs-0BC7QehJ9p8esYXU

4 Maalouf, A. (1999). Identidades asesinas. Alianza Editorial

5 García de León, D.L. y García de León, J.E (2014), Educación bilingüe y pluralidad: reflexiones en torno de la interculturalidad crítica. Cuadernos de Lingüística Hispánica n°. 23, Enero-Junio 2014, pp. 49-65

6 Eliminación de los límites geográficos debido al uso de las TIC.

7 Mehisto, P. y Marsh, D. (2011). «Approachng the Economic, Cognitive and Health benefits of Bilingualism: Fuel for CLIL». En Ruiz de Zarobe et al (eds.). Linguistic Insights. Content and Foreign Language Integrated Learning, v.108: pp. 21-48.

8 Goetz, P. J. (2003). The effects of bilingualism on theory of mind development. Bilingualism: Language and Cognition. 6.1. 1-15.

9 Kovács, Á. M. (2009). Early bilingualism enhances mechanisms of false-belief reasoning. Developmental Science. 12. 1. 48–54.

10 Javor, R. (2017). Bilingualism, Theory of Mind and Perspective-Taking: The Effect of Early Bilingual Exposure. Psychology and Behavioral Sciences. Vol. 5, No. 6, 2016, pp. 143-148.

11 Mårtensson, J., Eriksson, J., Bodammer, N., Lindgren, M., Johansson, M., Nyberg, L. y Lövdén, M. (2012). Growth of language-related brain areas after foreign language learning. NeuroImage. 63. 240-4. 10.1016/

12 Chung-Fat-Yim, A., Sorge, G. B. & Bialystok, B. (2017). The relationship between bilingualism and selective attention in young adults: Evidence from an ambiguous figures task. The Quarterly Journal of Experimental Psychology. 70. 3. 366-372.

13 Anderson, J., Hawrylewicz, K., Grundy, JG. (2020). Does bilingualism protect against dementia? A meta-analysis. Psychon Bull Rev. 2020 Oct;27(5):952-965.

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