En las dos últimas décadas la vendimia se ha adelantado en la Mancha, dando el pistoletazo de salida al últimos mes del verano. La causa de ello está en la incorporación de distintas varietales que han aportado a nuestra producción vitivinícola un amplio abanico de vinos, ampliando la oferta hasta casi el infinito. La primera consecuencia de ello está en poder disfrutar de éste típico dulce manchego en el mes de agosto.

Las primeras referencias escritas a este dulce nos remiten a finales del siglo XIX, aunque entonces ya se conocía como una receta clásica. Es posible que esta receta naciera en algún convento carmelita allá por el siglo XVI, aunque hay quien cree que las monjas pudieron inspirarse en una antigua receta de rigen sefardí, una comunidad que fue muy importante en nuestra región durante la edad media.

La gastronomía manchega siempre ha tenido una relación directa con la vid, y su primer producto, el mosto. Prueba de ello son el arrope y el mostillo, y las tortas de mosto son otro de esos grandes productos gastronómicos manchegos tan únicos como es la torta de mosto, que en algunos lugares también se llaman, rollos de mosto o bollos de mosto.

La base es una masa de repostería muy ligera, que utiliza el mosto como su base de azúcares, tiene una textura y sabor muy característicos. Tradicionalmente en La Mancha muchos panaderos han seguido con la tradición de las tortas de mosto. Jesús Sánchez, el internacionalmente reconocido panadero, lleva muchos años continuando con las distintas tradiciones reposteras de cada época, y desde este viernes, en todos sus despachos y cafeterías añadirá estas maravillas de nuestra repostería tradicional. ¿Tú la prefieres con pasas o sin pasas?




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