El Obrero, ahí está, Francisco Martínez Ramírez, vamos su estatua, viendo pasar el tiempo desde su privilegiada posición. En una de las arterías principales de nuestro Tomelloso, el cruce de la Calle Don Víctor Peñasco con el inicio de la Calle García Pavón.

Desde donde ve a los que vienen, a los que van, a los que caminan con prisas, o más despacio haciendo tiempo, a los que pasan al Bar Avenida a echar la quiniela o tomar café, al igual que el Casino. Contempla, quien realiza gestiones en los bancos y cajas de alrededor. No se le escapan, los y las, que compran ropa en alguna de las tiendas de alrededor. El, ahí está, haga frio, calor o sean tiempos de pandemia, ¡quién se lo iba a decir!

Ahora, desde hace poco, tiene a unos vecinos con boina con los que puede charlar, ya que son más de su época ¡anda que no habrá visto cosas El Obrero! incluso, más de un susto se ha llevado en algún accidente que le ha pasado de cerca. Es lo que tiene estar al pie del cañón, las 24 horas al día, y los 365 días al año, viendo pasar la vida, viendo cómo cambia la sociedad, pero siempre con la máxima discreción. Y ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo, lo miro de frente, me pierdo y cierro los ojos, pero es por el sol que cae con fuerzas a su espalda.

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