Una vez hecha la introducción sobre el origen de la pizza en el anterior capítulo, os daré una receta de pizza casera, en la que haréis vosotros mismos la masa, ya que el tópico publicitario de que “el secreto está en la masa” es una verdad absoluta.

Esta receta es personal, basándome en la receta que me enseñó el maestro Marquinetti, a la que he añadido un par de pequeñas variaciones, pues al hacerla en casa -y con los electrodomésticos caseros- he ido experimentando la fórmula más adecuada para hacerla en casa.

INGREDIENTES:

  • 600 gr. de harina de trigo de fuerza
  • 50 gr. de sémola de trigo
  • ½ litro de agua mineral fría
  • 20 gr. de sal
  • 25 ml. de aceite de oliva virgen
  • 1 gr. de levadura fresca

ELABORACIÓN:

Poner la levadura en el agua y removerla hasta que se disuelve en ella.

En un bol mezclar la harina, la sal y la sémola con las manos haciendo círculos para que se  mezclen bien. Después hacer un hoyo en el centro e ir añadiendo el agua con la levadura disuelta usando la mano en forma de garra (como las amasadoras). Cuando hayamos mezclado la mitad del agua aproximadamente añadimos el aceite, removemos y seguimos añadiendo el resto del agua. Amasamos bien, lo cubrimos y dejamos reposar media hora en el frigorífico.

Sacamos la masa del frigorífico y la volcamos sobre la encimera previamente espolvoreada con harina. Se vuelve a amasar y la echamos en el bol, cubriéndola con film. Metemos el bol en el frigorífico, y esperamos 4 horas.

Pasadas las cuatro horas sacamos la masa y la dividimos en dos, haciendo dos bolas, cerrando hacia adentro por abajo para capturar el aire, luego volvemos a cubrir las bolas y las metemos en el frigorífico 24 horas.

De cada bola saldrá una pizza para unas tres personas, por lo que podéis congelar una de las bolas para usarla en otra ocasión, o hacer dos pizzas distintas.

Cuando vayáis a preparar las pizzas, cogéis las bolas y las aplanáis con un rodillo sobre la encimera enharinada , y si tenéis un poco de habilidad, las aplanáis golpeándolas con la mano abierta, después os la iréis pasando de mano en mano volteándolas ligeramente, la propia inercia centrífuga irá extendiendo la masa, luego la ponéis sobre un plato grande de barro o una piedra de horno. Se precalienta el horno en la parte baja a 250 grados (si vuestro horno llega hasta los 280, mejor aún). Luego se echa salsa de tomate y se extiende sobre la superficie con una cuchara, haciendo círculos, y encima se le ponen los ingredientes que vayáis a utilizar, luego se espolvorea orégano o albahaca, y después el queso rallado (si es mozzarella mejor, pero podéis utilizar el queso que más os guste). Después se introduce en el horno, y esperáis entre 15 y 30 minutos (eso dependerá del tipo de horno y la temperatura.

En el próximo capítulo os daré varias recetas de pizzas variadas y algunas ideas.

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