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Vista “La dictadura del botellón” en la primera parte, veamos ahora  “La dictadura de los tacones”.

Todo en este mundo tiene su historia, también los zapatos de tacón: Según algunas fuentes consultadas, ya los jinetes egipcios  utilizaban estos inventos para dominar mejor la cabalgadura, al no resbalar el pié; también los usaron en otros ejércitos en la sección de arqueros; podían ponerse de pié lo que facilitaba dar en la diana sin fallos; así mismo  en Medio Oriente durante siglos. Leonardo Da Vinci tiene algunos bocetos donde aparecen hombres calzando zapatos de tacón. Muchos personajes antiguos y famosos los han utilizado.  Se cita a Nicolás Lestage como uno de los más afamados zapateros del siglo XVII e incluso se dice que diseñó varios modelos para el rey Luis XIV, de escasa estatura (1,63 metros poca altura para la estética del rey), aunque por su política y apoyo a las ciencias se le reconoce como “Luis el Grande” o “Rey Sol(Le Roi Soleil). También la muy famosa  Madame de Pompadour utilizó zapatos diseñados con tacones.

Estas pinceladas históricas nos acercan al tema del tacón. Pero no quiero ir por ahí. Quiero hacer una loa y que todos aplaudamos con desenfreno el sacrificio, el esfuerzo, la lucha hasta la desesperación de las mujeres, de cualquier edad, que utilizan los “zapatos de taconísimo”.

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Que la palabra “taconísimo” no está el Diccionario de la RAE, es cierto, acabo de inventarme la “palabreja”, pero tú me entiendes se trata de esos zapatos con plataforma de tres o más centímetros acompañados de unos tacones infinitos, descomunales, de los que debes subirte  a un taburete para entrar los pies.

Estos zapatos pero mayúsculos son los que utilizan los/las “Drag Queen” en fiestas y carnavales.

¡Cuánto sufrimiento y desesperación y cuánto esperpento!, digo yo.

Vas por la calle y delante de ti camina un grupo de chicas, supongamos adolescentes, subidas en sus zapatos, van de boda, lo proclaman los vestidos que han conseguido en “no sé qué estilista” de renombre, incluso adornan sus cabezas con unos sombreritos a los que hay que ajustar en el pelo a cada paso, la verdad es que  bien, bien… no les quedan, pero están de moda.  Necesitan mirar al suelo mientras caminan, porque cualquier baldosa desnivelada las trastabilla. De pronto… una del grupo duda en el paso, se desequilibra y necesita agarrase con fuerza a la compañera y ésta a la de al lado; menos mal, entre las tres consiguen no besar el suelo y como son jóvenes se ríen del susto… y continúan su camino.

Pero no es el único grupo de chicas subidas en tacones, hay muchas más y de edades maduritas en festejos, ferias, días de gala, etc. Habitualmente van acompañadas de un bolso de medidas reducidas pero capaces de albergar unas sandalias, bajitas de suela, para cuando los sufridos pies se nieguen a seguir embutidos.

Y claro, uno admira la capacidad de sufrimiento de estas mujeres sometidas a la dictadura de los zapatos altos. Se sufre y mucho vendimiando, durante todo el día; los riñones se revelan a continuar con la postura tan incómoda, los brazos se paralizan por tanto movimiento; las moscas te acosan con intentos de volverte loco. Pero al final tienes un dinerete que llevarte al bolsillo y disfrutar de tus deseos consumistas.

Y subidas en esos zapatos ¿qué se consigue?. Con el esfuerzo titánico que debe suponer mantenerse ahí tres o cuatro horas ¿qué se alcanza? Con tanto trabajo para andar sin esguinces de tobillo o rotura de meniscos de las rodillas ¿se es más esbelta? No lo sé. Esto se agrava cuando vamos de botellón y nos colgamos las bolsas con las bebidas. Ahí ya rozamos las fronteras de lo imposible, cuando llegamos al lugar del festejo podemos gritar como en el circo ¡conseguidooo!

Lejos de mí mofarme lo más mínimo de esto, lo subrayo con tintes socarrones nada más. Por eso lo llamo “dictadura de los tacones”. Me viene a la memoria una canción de Carmen París llamada: “Cada cultura tiraniza a su manera”, porque una línea de la cultura del siglo XXI llamada moda nos domina y de qué modo a todos y cada uno de los humanos.

Como ejemplo de esa tiranía, dominación o dictadura he tomado lo de los tacones exagerados. Cada cual podría poner mil ejemplos relativos a otros tantos asuntos o modas.

Nos quejamos con razón de las dictaduras de ciertos políticos, pero no menos dictadora es la máquina de la moda manipulada por el asqueroso dinero, triturando a sabios artistas del vestir y del diseño, creando nuevas oleadas apoyados en las estaciones meteorológicas, determinando lo que “es tendencia” y “obligando” a comprar lo que ellos quieran vender, utilizando sibilinamente nuestro orgullo ridiculizado por comentarios de otros dominados proclamando: “¡Que cutre, eso ya no se lleva!”

Por eso el llamamiento: ¡Chica, el calzarte esos “taconísimos” sólo te sitúa temporalmente unos centímetros más alta, pero no más arriba. Puedes ver a los demás un poco más pequeñitos, pero no más bajos. Seguro que te sientes más encumbrada pero no más grande.

Tú ya eres grande por ser persona y por ser mujer. Haz valer tus encantos físicos pero también tu inteligencia, tu bondad, tu personalidad, tu saber-ser y saber-hacer, tus talentos . Vales tanto por ti misma que no merece la pena aparentar otros seres con postizos dictados al son del dinero. Eres tan importante que no necesitas el barro de los plumíferos dictadores de “la moda actual”.

Ojala y llegue el día que brilles por lo que eres y no por los destellos fugaces. Que ilumines, pero no deslumbres. Que seas referencia para los demás por tu imponente sencillez.

(Continuará)

Caja Rural Castilla-La Mancha – Donde Quieras

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