Yeguada Los Arcangeles

El presidente de la Hermandad de la Virgen de las Viñas, José Márquez, a preguntas de los medios, el domingo, cuando ya habían pasado los romeros por delante de la Patrona de Tomelloso, haciendo balance, afirmaba que la de este año ha sido “una Romería de las de no olvidar”.

Y así será. Por lo menos para este que escribe. Ha sido, sin ninguna duda, la mejor Romería de las 53 que uno lleva entre pecho y espalda. La lluvia, esa con la que nos recibió Tomelloso en sus tapias, sirvió para poner —aún más— de manifiesto el fervor de los tomelloseros hacía su Patrona. Pero eso fue el final, el apoteósico final, de un intenso, emocionante y único fin de semana que he tenido la suerte de vivir en primera persona y por el que solo puedo dar las gracias.

La Hermandad de la Virgen de las Viñas cometió la locura de elegirme para pregonar la Romería del 2017. Un honor. El mayor que he tenido en toda mi vida. Sin ninguna duda. La Romería es la fiesta más grande de Tomelloso y uno le puso voz, nada menos. Y encima, ese hecho me ha permitido estar codo con codo con una de las mejores personas que he conocido, con el soberbio Mayoral 2017 (sin desmerecer, ni mucho menos, a los anteriores) con Gregorio Moreno, Gregorio el guarda. ¡Qué gusto!

Durante estos cerca de tres días los miembros de la Junta de la Hermandad nos han llevado en volandas. Tanto a nosotros como a nuestras familias. Son, como me dijo el presidente en una entrevista previa a la fiesta “veinte ingenieros en romerías”. Y en cariño, añado. Han sido unos días complicados en los que han tenido que tomar decisiones importantes y precipitadas, sobre todo, por el tiempo. Si sale o no la Virgen en la procesión de las antorchas, si se suspende tal o cual acto. Atenciones, protocolos, organización, que si las reatas se organizan de otra manera, que si hay que preparar la llegada, si se protege o no la Virgen, la misa, los bailes regionales, la visita al museo. La organización de las tascas, de los feriantes, de las carrozas, de las carpas… A pesar de todo eso (y mucho más que obvio por espacio) nunca ha faltado una sonrisa para el pregonero y el mayoral, una palabra amable, una ayuda, una indicación o una muestra de cariño. Nos han hecho vivir (creo que Gregorio estará de acuerdo) la mejor Romería de nuestras vidas. Y siempre, insisto, con una sonrisa, haciéndonos sentir (tanto nosotros como nuestras familias) como si fuésemos importantes en la Romería.

Y el domingo, de regreso a Tomelloso, en esos pocos kilómetros, en esa legua y pico que separa Pinilla de la plaza de España, todos esos sentimientos se sublimaron.  La marcha, la alegría de ese paso romero, con el sonido de las campanillas y los vivas a la patrona de los tomelloseros fue emocionante. En otro momento, en otra situación, ese tiempo de perros que hizo el domingo habría hecho que todos nos hubiésemos quedado en casa. Pero, ¡quia! había que llevar a la Virgen de las Viñas (y al “niñete” que no se nos olvide) al pueblo.

Parecía que nos librábamos, pero ya en las paredes del pueblo, en el saladero, que diría un clásico, la lluvia salió a recibirnos. Pero como decía, con el buen humor que le caracteriza, José Márquez “al lado de la patrona, el agua no te moja”. La Avenida que lleva su nombre, el de la Virgen de las Viñas, era un mar de paraguas. En la glorieta de la estación de autobuses y la calle Socuéllamos, la Asociación Musical recibió a María de las Viñas, con música y todos cantamos su himno y el de Tomelloso. La calle Socuéllamos estaba repleta de gentes que gritaban vivas a la patrona de los tomelloseros. Resultaba conmovedor, como poco. Fue, ciertamente, una escena de una belleza incomparable, de una épica propia del cine, con banda sonora incluida. Tras mostrar la Virgen a Encarnita Ramírez y enfilar el último tramo de la romería se conoce que a uno le cuajó el sentimiento y, a diferencia de Roy Batty, el replicante de Blade Runner, ninguno de esos momentos vividos (y los que aún quedaban) se perdieron como las lágrimas en la lluvia de este narrador.

Bajo una lluvia intensa, mojados —como dijo después la alcaldesa de Tomelloso— de “ilusión, emoción y entusiasmo” entramos en la plaza de España. Y siguieron las lágrimas bajo la lluvia, los abrazos, los besos, las “apreturas de chaleco”, en definitiva, el sentimiento. Grupos folklóricos, romeros, carrozas, reatas, niños… desfilaron delante de la Patrona de Tomelloso para entregarle sus recuerdos, sus ramos, sus ¡vivas!

En fin, quiero agradecer a la Hermandad de la Virgen de las Viñas, a su Junta Directiva, encabezada por José Márquez, a las camareras, al mayordomo el haberme dado (y, sobre todo, a mi familia) la oportunidad de vivir una Romería para no olvidar.

¡Gracias!

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